Panamá y la internacionalización monetaria y bancaria

El siglo XX ha sido testigo del avance del monopolio público de emisión. En 1900, solo había alrededor de 18 bancos centrales en el mundo. Para 1940 la suma ya alcanzaba a 40 países. Hoy ya suman 164. Algunas sociedades, sin embargo, insisten en utilizar una moneda extranjera, y no caer así en el vicio de las políticas inflacionarias para financiar el déficit fiscal. Panamá es uno de estos ejemplos.

El sistema monetario y bancario de Panamá tiene las siguientes características: (1) Se usa el dólar como circulante. El Balboa, la moneda nacional, es una unidad de cuenta y sólo existe en monedas fraccionarias; (2) Los mercados de capital son libres, no hay intervención del gobierno, o restricciones a las transacciones bancarias, o a los flujos financieros, ni a las tasas de interés; (3) Hay una gran cantidad de bancos internacionales; (4) No hay banco central.

No tener banco central le ha permitido a la República de Panamá disfrutar de una macroeconomía estable y sólida.

Su inflación promedio en los últimos 20 años ha sido del 1%, manteniéndose consistentemente 1 ó 2 puntos porcentuales por debajo de la inflación en Estados Unidos.

Pero Panamá no es oficialmente una economía dolarizada. Desde 1904 su Constitución estipula que “No habrá en la República papel moneda de curso forzoso.” En otras palabras, en Panamá cualquier moneda que se utilice, el dólar por ejemplo, es totalmente determinada por el mercado.

Al no haber banco central, no hay “prestamista de última instancia” y no hay seguro de depósitos; por consiguiente, los bancos están obligados a actuar responsablemente para mantenerse a flote. La ausencia de una banca central hace que no se manipulen ni se influya sobre las tasas de interés.

Panamá no impone controles de capital y la entrada o salida de capitales no ocasionan los mitológicos desequilibrios que muchos teóricos pregonan. Esto se debe a que Panamá desde 1971 decretó la apertura del sector bancario, llegando a tener más de 100 bancos internacionales, lo cual permite la integración financiera internacional y el manejo privado de la masa monetaria.

La macroeconomía panameña es la única en Latinoamérica que no ha sufrido colapsos financieros y que no ha recibido el contagio de los excesos financieros de sus vecinos.

¿Es posible replicar el sistema en otros países de Latinoamérica? Sin mencionar al caso de Panamá, Jorge Avila ha propuesto algo parecido en su trabajo sobre Banca offshore o «Internacionalización monetaria y bancaria«.

La propuesta consiste en:

a) Darle curso legal a una moneda de reserva (dólar, euro) en toda clase de transacciones (comerciales y financieras, grandes y pequeñas, pagos impositivos y salariales).

b) Habilitar los bancos extranjeros residentes con calificación triple A para recibir depósitos offshore (bajo jurisdicción extranjera) de toda clase. También serán habilitados los bancos nacionales asociados a bancos extranjeros triple A en cuanto tal sociedad sea comprobada.

c) Con un límite, los bancos podrán captar depósitos onshore (bajo jurisdicción nacional), sujetos a encaje fraccionario (“para que la capacidad prestable quede en el país”), pero los certificados de depósito incorporarán una cláusula de reprogramación y otra de eventual conversión en bonos o acciones de los mismos bancos.

d) La oferta monetaria será igual a la suma de circulante en moneda de reserva y depósitos offshore en cuenta corriente, más el limitado monto de depósitos onshore reprogramables también en cuenta corriente. En este contexto, un quiebre de la cadena de pagos originado por una crisis local sería virtualmente imposible.

21 comentarios en “Panamá y la internacionalización monetaria y bancaria

  1. Aún no he leído las propuestas, pero te hago rápidamente unos comentarios:
    – Ya no sólo hay Balboa en monedas fraccionarias, resulta que este gobierno introdujo 40 millones de balboas en monedas de 1 y tienen planeado sacar monedas de 2. Algunos dicen que esta ha sido la prueba para crear una banca central. Este gobierno ha endeudado demasiado al país y quiere realizar otros proyecto por lo que no me extrañaría que lo quieran usar como prestamista de última instancia.
    – La inflación en Panamá se mantuvo a niveles del 1% hasta el 2005 aproximadamente. A partir de esa fecha ya hay niveles mayores de inflación (medido por el indice de precios al consumidor). Un motivo de esta inflación son las políticas de la FED.
    Saludos,

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  2. Gracias Omar. Leí un artículo de Diego Quijano en El Cato.org comentando esto, pero todavía no lo habían hecho. La historia monetaria y bancaria muestra que aquellos países que hoy no tienen banco central, recibirán una presión constante por parte del gobierno por obtenerla. Lo único que puede detenerlo es la sociedad, quien debe estar convencida de la superioridad del sistema actual respecto a la moneda propia.

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  3. En realidad, Pananá renuncia a tener un banco central propio pero sólo para atarse a las decisiones de la FED (confía más en ellos). El problema es que de esta manera importa la política monetaria de los EEUU. Como dice Omar, en los últimos años aumentó su inflación a causa de esto. Siendo una economía tan distinta a la de EEUU no sé qué tan razonable sea esta decisión. Definitivamente es una elección del mal menor valorando las enseñanzas del public choice.

    Saludos,

    Matías Spelta

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  4. Bueno, países con historial inflacionario como Argentina, sin duda se verían beneficiados de tomar una moneda extranjera. Como decía en el post, Panamá no impuso el curso forzoso del dólar. La gente eligió el dólar. Esa libertad de elegir la mejor moneda garantiza cierta estabilidad. Panamá hoy puede presentar una pequeña aceleración de la inflación, pero en un siglo no han conocido crisis financieras, ni inflación de dos dígitos. Esta estabilidad macroeconómica durante tanto tiempo es única en latinoamérica. La historia de muchos países en latinoamérica sería muy diferente sin recurrentes devaluaciones y procesos inflacionarios.
    Una aclaración: Panamá es un modelo en lo que hace a la estabilidad macroeconómica, pero está lejos de la economía de mercado y tiene otros puntos por corregir. Me refiero en particular al nivel de gasto público sobre el PIB, que ronda el 50 %.

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  5. Si en Panamá sucedió todo esto, habrá sido porque las circunstancias políticas lo permitieron. La idea de extrapolar a otros países (por ejemplo, Argentina) la experiencia panameña supondría que las variables políticas -cualesquiera que hayan sido- vigentes en Panamá también tienen validez para otros países. Sinceramente, yo no creo que, dadas las presiones sindicales, los prejuicios ideológicos, la verborragia nacionalista, la demagogia omnipresente, una propuesta de internacionalización monetaria tenga consenso en la Argentina. En el papel, la idea es buenísima pero ni bien queramos trasladarla al plano de la realidad argentina, chocaremos con las incontables miserias que nos abruman todos los días. Las soluciones deben contemplar las circunstancias reales y fácticas, no situaciones que quizá ocurran en otros lados pero que son irreplicables aquí por factores que no está a nuestro alcance eliminar. No cuestiono la idea en sí. Simplemente, creo que es una iniciativa que, aplicada a la Argentina, está fuera de contexto.

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  6. Si bien Panamá ha escogido al dólar como moneda de uso, no necesariamente implica que la población esté conciente de las malas desiciones de la FED.
    Más allá de ver la contra, veo el lado positivo. Como bien mencionó Adrián, siempre la inflación se ha mantenido por niveles bajos a la de Estados Unidos. Esto se da porque cada dólar que entra a Panamá ha sido producido y/o también de ahorros de otros países.
    Copio un link de una noticia de una propuesta de reforma constitucinal que realizó nuestro grupo en el que solicitábamos dejar tácito en la constitución que no debe haber moneda de uso forzoso, con el fin que haya compentencia monetaria.
    http://www.panamaamerica.com.pa/periodico/edicion-anterior/finanzas-interna.php?story_id=1071771

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  7. Tu argumento es válido Alejandro. Pero que no sea viable hoy, no implica que no sea viable en unos años. Si Argentina sigue este camino, terminará nuevamente con una inflación cercana al 100 % o mucho mayor. Esto terminará en una nueva depresión y eso abre la oportunidad de un cambio en este sentido. Toda gran crisis representa una gran oportunidad para el cambio.

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  8. ¿Y eso significa que para que las cosas empiecen a mejorar tenemos que desear que se produzca una gran crisis, Adrián? No es una perspectiva muy promisoria, por cierto…

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    • No deseo que llegue otra crisis. Es realismo, o al menos, mi predicción respecto del futuro a mediano plazo. La convertibilidad fue posible en medio de la hiperinflación. La salida de la convertibilidad tenía dos salidas, 1) devaluación y pesificación de depósitos; 2) dolarización. Me parece que la 2da opción hubiera generado menores costos sociales.

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  9. Por lo demás, yo diría que no hay absolutamente ninguna certeza de que por el hecho de que se produzca una crisis la conclusión que se vaya a extraer de esa crisis sea que hay que ir hacia un sistema del tipo del vigente en Panamá. En la Argentina, las conclusiones que se sacan habitualmente de todas las crisis es que necesitamos más intervencionismo del estado, no menos… Lo único que cambia, con cada crisis, es la orientación del intervencionismo. Si antes el tipo de cambio era bajo, después de la crisis se fija alto; si la economía estaba abierta, la cerramos; si la carga impositiva estaba volcada hacia los productos con valor agregado, se le aplica a la producción primaria; y así sucesivamente…

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  10. Alejandro, puede ser que tengas razón. Pero hay dos respuestas posibles: 1) la dolarización sería una buena solución, pero hoy es inviable. 2) La dolarización no es una buena idea por x razón. «x» razones hay muchas… por ejemplo, que el dólar hoy no está bien administrado por la Fed. Ante esto mi respuesta es que de todos modos el dólar será mejor administrado que una moneda local.

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  11. La dolarización es una alternativa mejor que lo que hay ahora. Eso es obvio. Me hace acordar a un pasaje de Hayek en Camino de Servidumbre donde dice que «si yo tuviera que vivir bajo un sistema fascista, preferiría que estuviera en manos de los ingleses», jajaja. Indudablemente, pese a todos sus defectos, Bernanke es mejor que Marcó del Pont. Pero en términos políticos es impensable algo así porque quien lo proponga queda expuesto a todo tipo de acusaciones y denuncias de parte de los demagogos populistas tanto del gobierno como de la oposición.

    Este es el punto crítico que nadie resuelve. Entonces, seguimos discutiendo variantes teóricas que son todas mejores que lo que tenemos, algunas muy buenas, otras no tanto pero siempre mejores que Marcó del Pont emitiendo para bancar la fiesta populista de los K.

    Pero lo que tenemos que pensar es que debemos buscar soluciones viables, que pasen por el tamiz de la política, debemos neutralizar la presencia de los factores de demagogia y populismo que son omnipresentes.

    Al final, termino discutiendo acá en términos parecidos a los del muro del Partido Libertario… Por lo menos, acá son más cordiales, jajajajaa

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  12. Está claro tu punto Alejandro, pero reitero que no lo comparto. Si sólo atendemos a lo viable, no podríamos cambiar el mundo en ningún sentido. Reitero: «Lo que no es viable hoy puede serlo mañana». Pero para que eso que no es viable hoy, lo sea mañana, hay que generar el consenso de que es deseable. Tanto en clase, como en revistas científicas, como en este mismo blog intentamos divulgar ideas que abran el debate en un sentido que pocos conocen. Quizás fracasemos, pero ese es el granito de arena que pretendemos aportar a una sociedad que si no cambia (en un sentido ético, económico, político, cultural) vivirá recurrentemente en un procesos de auge, crisis y depresión.
    Digo más: Si en 2001 los liberales hubieran enfatizado que la única solución para salir de la convertiblidad era la dolarización, quizás hoy Argentina estaría entre las principales economías del mundo. Fueron muy pocos, y muy tibios, los que lo pidieron. Quizás Steve Hanke fue el que más éxito tuvo en este reclamo, pero no vivía en el país, y sólo fue material académico. En Argentian Jorge Avila intentó avanzar en esta propuesta, pero fue ignorado y aun hoy es criticado por ello. Prácticamente no llegó a los diarios. Menem pudo hacerlo, hasta dijo que lo haría, pero quedó en palabras. Un error más de muchos que cometió.

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  13. A mí me parece que no es tan utópico concebir un sistema políticamente viable y donde la provisión de moneda esté regida por principios de mercado. Hay que combinar bien los conceptos.

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  14. Pero si no salimos del banco central y el curso forzoso, seguimos apoyando el monopolio de la moneda. El objetivo es dar libertad a la gente para que decida en qué moneda quiere fijar sus contratos y cobrar su salario. Si en Argentina la gente usa el dólar como reserva de valor, quizás debamos dar libertad para que utilicen el dólar como moneda. Esta es una propuesta de mercado.

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  15. Por supuesto que dar libertad para que se emplee el dólar, el oro o las aceitunas como moneda si la gente lo elige, es una propuesta de mercado. Pero no cumple el requisito de ser políticamente viable. Hay que lograr las dos cosas a la vez y eso es posible.

    En verdad, el curso de la moneda siempre es forzoso, independientemente de lo que la ley diga. El factor que torna forzoso el curso de la moneda es la convención social que la consagra como medio de intercambio, no la ley. En todo caso, la ley convalida de derecho una situación que se da de hecho. Por lo tanto, el problema no es el banco central ni el curso forzoso. El problema es cómo legitimar social y políticamente al sistema monetario de mercado. Por eso, insisto, el problema no es técnico sino político. Prácticamente cualquier economista es capaz de elaborar buenas soluciones técnicas si puede prescindir de las circunstancias políticas. En el papel, todos somos unos fenómenos de la estructura monetaria. La cuestión es cómo viabilizar políticamente esas soluciones técnicamente satisfactorias.

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  16. Pero Alejandro, lo que intento decir es que «democratizar la elección del presidente del banco central» puede ser viable, pero eso no es una propuesta de mercado. Que la gente pueda elegir al presidente del banco central no es sinónimo de que la gente pueda elegir la moneda que prefiera.

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  17. Yo no veo ninguna incompatibilidad entre la propuesta de Jorge Avila de internacionalizar la moneda y la elección democrática del presidente del banco central. Al contrario, Avila o quien sostenga esa idea se puede presentar a esa elección y presentar su propuesta ante el pueblo. En tal caso, si gana la elección, podrá aplicar su idea y tendrá la legitimidad de que el pueblo lo convalidó. Y si pierde, puede seguir sometiéndola a debate para futuras elecciones.

    Pero a mí no me preocupa tanto, en términos de sistema monetario de mercado, la elección de la moneda. Da exactamente lo mismo que se empleen pesos, dólares, oro o lo que sea, en tanto la moneda sea sana. Es como discutir si la estatura se mide en centímetros o en pulgadas, lo que importa es la altura de la persona, no el sistema de medida que se emplea, en tanto los centímetros o las pulgadas no se «alarguen» ni se «acorten».

    Lo que sí importa, porque afecta el desenvolvimiento global de la economía -y en esto sí es esencial que se apliquen mecanismos de mercado- es cómo se regula la liquidez porque ese es el factor que determina la consistencia del sistema económico y, por lo tanto, la posibilidad de que haya o no sobresaltos en términos de niveles de actividad.

    A mi juicio, el banco central tiene una función importante que cumplir, no para regular la liquidez (obviamente, si la regula el banco central, no la regula el mercado) pero sí para garantizar la transparencia del sistema bancario que, a través del sistema de reserva fraccionaria, es el mecanismo que puede regular la liquidez por medio de procesos de mercado. Es obvio que, a mayor liquidez, más nivel de actividad y viceversa. Es esencial que el mercado regule espontáneamente este proceso porque eso justamente es lo que permite evitar que se produzcan sobresaltos bruscos en los niveles de actividad (es decir, ciclos económicos de expansión y contracción).

    El sistema de reservas fraccionarias, libremente administrado por los bancos, es el mecanismo idóneo -al menos, eso es lo que me parece a mí- para responder a las fluctuaciones del mercado en cuanto al volumen de dinero -y por ende, de liquidez- demandado, de modo tal que actúa como «amortiguador» de los procesos de expansión y contracción de la economía…

    Pero para que eso funcione, es esencial que el banco central opere como supervisor de todo el sistema, para evitar que los bancos defrauden a sus clientes. Desde ya que el banco central no tiene de ninguna manera que actuar como prestamista de última instancia porque esto es incompatible con el principio de la moneda sana. Lo que debe garantizar el banco central es que los fondos comprometidos como encaje efectivamente estén allí y que se informe debidamente a los depositantes de cuáles son los niveles de encaje comprometidos por cada cuenta corriente. Si el banco se compromete a mantener determinado nivel de encaje y no lo cumple, estará defraudando a sus depositantes. El banco central debe impedir que esto ocurra. Los bancos, a su vez, pueden ofrecer diferentes condiciones según los niveles de encaje de las diferentes cuentas. Naturalmente, a mayores niveles de encaje (incluso, reserva total) habrá menores riesgos pero también menores beneficios para los clientes.

    Y la elección democrática de las autoridades del banco central, es necesaria para situar públicamente la responsablidad por la estabilidad monetaria en una persona que se haga cargo y pague el correspondiente costo político en el caso de que se desencadene un proceso inflacionario…

    Esta es, en resumidas palabras, toda mi idea.

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