¿Los genios nacen o se hacen?, el experimento Polgar

Participé hoy de una reunión de profesores de la Escuela de Negocios de la UFM en la que una vez más surgió este interrogante: ¿Los genios, expertos o líderes nacen o se hacen? Yo siempre sostuve que pensar que éstos sólo nacen, nos conduce a cierto riesgo de determinismo, donde no hay causa-efecto, lo cual implicaría cruzarnos de brazos y esperar a ver si somos o no los elegidos. En su lugar, siempre preferí pensar que la dedicación y el esfuerzo producen expertos, genios y líderes, aspecto que hace un tiempo confirmó cierto estudio publicado en el Wall Street Journal.

Pero hoy no quiero deternerme en este estudio, sino en relatar una historia que hace muchos años me contó mi padre, cuando yo era todavía un adolescente, pensando qué hacer de mi futuro, y que posiblemente formó esa vision que aun mantengo.

En la reunión de la Escuela de Negocios, la pregunta giraba en torno a si podemos enseñar a un profesional -a través de las herramientas que absorbe en un MBA- a ser un empresario exitoso, lo cual luego derivó en otros ejemplos, como aquel de Michael Phelps como el mejor nadador de todos los tiempos.

El relato de mi padre, no era sobre natación, pero sí sobre un deporte, el ajedrez (el cual me entretuvo muchos años de mi niñez). La historia cuenta que un pedagogo y profesor de ajedrez, Lazlo Polgar,  y también su esposa, se propusieron hacer un experimento en torno a este debate, y demostrar que los genios se hacen. El experimento consiste en probar que una buena formación y dedicación, permitiría a sus hijas competir con los mejores jugadores de ajedrez de sexo masculino, algo que ninguna mujer había podido hacer en la alta competencia.

Tal fue así que la pareja decidió no enviar a sus tres hijas al colegio y, en su lugar, les proporcionaron una educación conocida hoy como home-schooling, incluyendo el ajedrez como una materia fundamental.

Susana, Sofía y Judit son hoy grandes ajedrecistas. La primera de ellas incluso alcanzó el título de Campeona del Mundo en categoría femenina. Pero ha sido Judit Polgar, la menor de las tres niñas, quien logró mostrar la razón de su padre, haciendo historia en el mundo del ajedrez.

Judit Polgar alcanzó el título de gran maestro a los 15 años, y ha sido la única mujer que alcanzó el título de Gran Maestro Internacional. En octubre de 2008 ocupó el puesto 27mo en la clasificación FIDE (que incluye hombres y mujeres) con una puntuación Elo de 2711. Su máxima lugar en el ránking, sin embargo, lo logró en 1996, cuando estuvo entre los diez mejores jugadores del mundo. Incluso se ha dado el lujo de vencer a Gari Kaspárov.

El gráfico muestra la distancia que existe hoy entre su juego y el de sus seguidoras, medido a través del Elo.

Acceda aquí a su página web personal.

Acceda aquí a una entrevista a Judit Polgar.

7 pensamientos en “¿Los genios nacen o se hacen?, el experimento Polgar

  1. Hola Adrian, saludos. Creo que acá tienes un caso importante de endogeneidad y non-random selection. Recordemos que el ajedrez, o las habilidades implícitas en el mismo, pueden tener componentes genéticos importantes. Lo interesante sería que el papá trate de volver un excelente ajedrecista a alguien que no es su hijo, pienso. El experimento podría ir así:

    enseñarle ajedrez a un hijo, primo, amigo, desconocido.

    Mi impresión es que la capacidad para influir por parte del padre se va a ir diluyendo en esta progresión, especialmente si fuera posible hacer el experimento con muchos sujetos.

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  2. Exacto Carlos! La historia sigue, porque precisamente era un plan del padre adoptar tres niñas y continuar con el mismo proyecto… pero ya con las tres primeras se le acabaron las fuerzas!

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  3. “Pero Lazlo aún quería llevar a cabo una segunda fase en su experimento que corroborara su teoría. Para ello, quiso adoptar varios hijos y educarles con el mismo método. De esta manera, pensó, conseguiría que éstos alcanzaran los mismos logros que sus hijas biológicas. Con ello probaría que el éxito y la inteligencia sonpuramente una cuestión de educación, sin que la genética, el sexo o las cuestiones económicas y sociales tengan apenas nada que ver en ello.”

    “Lamentablemente, y por razones obvias, el experimento no pudo llevarlo a cabo. “Sucedió que sacar adelante a tres hijas ya era suficiente para ellos, y las circunstancias no les permitirían asumir la responsabilidad de adoptar tres más”, explica Judit. Ya no tenían la edad adecuada, y con tres hijas con una carrera como la nuestra (el ajedrez) sería imposible dedicarles la atención necesaria.”

    [http://aula2.el-mundo.es/aula/noticia.php/2004/04/13/aula1081791640.html]

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  4. Somos todos diferentes, ¿no? Eso decimos los liberales para demostrar que la igualdad ante la ley resalta las desigualdades individuales. Si partimos de que somos todos diferentes estamos admitiendo una suerte de determinismo natural en cada uno de nosotros. Las inclinaciones personales hacia determinadas disciplinas de las ciencias, el deporte o las artes han sido impulsos poderosísimos en conocidas personalidades. Creo que hay predisposiciones innatas, tendencias, vocaciones inexplicables. Pero coincido en que la formación, la educación y, sobre todo, los estímulos del medio en que la persona se desarrolla son factores escenciales. Sin esos elementos seguramente Einstein no hubiera sido quien fue. Bach tuvo veinte hijos a quienes enseñó música y composición y sólo dos dejaron obras que aún se recuerdan, pero ninguno igualó al padre. Es más, siendo un gran pedagogo, Bach no dejó ningún discipulo que trascendiera su propio siglo. Los estímulos que recibió Franz Kafka fue la de ser abogado, sin embargo no pasó de ser un mediocre asesor legal de seguros, pero optó por se escritor aunque su padre hizo todo lo posible para desalentarlo.
    Mi idea es que en una civilización altamente evolucionada y libre hay una especialidad, una ciencia en la cual cada ser humano alcanzaría la condición de genio si la descubriera y se dedicara a ella contando con los estímulos y formación indispensables. En resumen: el genio es una potencialidad latente que está en cada uno de nosotros (pero no en cualquier especialidad, eso es, creo, y lo expreso respetuosamente, un error), y la educación, la formación y el estímulo son los disparadores indispensables.

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    • Gracias Enrique por compartir tus reflexiones. Me parece un comentario medido, con el cual tiendo a coincidir. Estos posts los escribimos como disparadores para generar discusiones, para abrir debates que pueden resultar interesantes junto a los lectores.
      En lo que quiero insistir es en no quedarnos con el determinismo, de pensar que Bach fue un genio de la música porque tenía un “don”, sino que tenía pasión por lo que hacía, y trabajó con esfuerzo y dedicación en ser el mejor. Ese es el ejemplo que debemos transmitir a los jóvenes. Que hagan lo que sea que los apasione, y que trabajen todo lo necesario por ser los mejores en ello. Esa combinación no puede fallar.

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  5. Polgar prueba lo contrario a lo deseado. Una inmersión 24/7 en el tema sólo logró re-producir (talvez) el nivel de Polgar como jugador. Los demás grandes jugadores de la historia del ajedrez no tienen el antecedente ni el entorno. Más ejemplos como el de Beethoven (que trató de convertir a su sobrino en pianista) abundan.
    Otro ejemplo en contrario a la tesis Polgariana es la habilidad para hablar idiomas. Los padres de hijos políglotas no son ellos también políglotas.
    Por otra parte está el problema de la definición de “genialidad”.
    A mi modo de ver, el genio es quien aporta soluciones nuevas a problemas antiguos.

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