Nota del editor: La obra La economía con vida, de Peter Boettke, surgió como resultado de la visita de Boettke a la Universidad Francisco Marroquín, que, fiel a las ideas de su fundador, Manuel Ayau, se ha ocupado siempre de comunicar las ideas centrales de la economía. (El texto que sigue es el prefacio de Living Economics y fue traducido por Lucy Martínez-Mont). GWM.
Publicado en Tópico de Actualidad No. 1012, Año 53, Mayo de 2012. [Suscríbase aquí]
La economía con vida: ayer, hoy y mañana
Por Peter J. Boettke
En junio del 2011, mi colega y amigo Chris Coyne y yo visitamos la Universidad Francisco Marroquín. Esa visita inspiró el libro Living Economics. La UFM es una institución impresionante, enfocada en el aprendizaje avanzado de la economía. Nos conmovió la entrega de toda la comunidad intelectual de la UFM al razonamiento económico claro y la alta calidad de la docencia económica. En varios sitios de la UFM se observan las imágenes de grandes economistas quienes, a través de la historia, buscaron divulgar en sus escritos la disciplina y las ideas básicas de la economía. La colección de ensayos que presento en el libro Living Economics refleja mi intención de divulgar esas ideas básicas, debidas a Adam Smith, Jean Baptiste Say, Philip Wicksteed, Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, James Buchanan, Vernon Smith, Elinor Ostrom que en tiempos pretéritos, o en la actualidad, están o estuvieron dedicados a la economía.
Me enamoré de la economía en el otoño de 1979. Durante el verano que precedió a ese otoño, las largas colas que se formaban en las gasolineras me causaban confusión y frustración por varias razones. La economía borró mi confusión y concentró mi frustración en la causa de los faltantes de productos. Así me enamoré de esta ciencia.
En muchos aspectos, la lógica del razonamiento económico llegó espontáneamente cuando empecé a estudiar. Mis primeras lecturas sobre este tema fueron La economía en una lección, de Henry Hazlitt, y La economía de libre mercado, libro editado por Bettina Bien Greaves que incluye “Yo, el lápiz”, de Leonard Read. Vinieron después varios ensayos y compendios de los libros de Ludwig von Mises, relacionados con los problemas del socialismo y el intervencionismo en contraste con los beneficios de la economía de libre mercado. También me enfrasqué en La libertad de elegir, de Milton y Rose Friedman. Cuando terminé de leer ese libro, había cambiado mi visión del mundo que me rodea. Desde las actividades más mundanas del hombre, hasta las más profundas, ahora todo lo veía yo a través del lente económico. Había descubierto que la economía proporciona respuestas fundamentales sobre la vida y la muerte de los seres humanos. Desde entonces sé que la economía es la disciplina más interesante de las ciencias humanas y la más importante de las ciencias políticas.
Es mi esperanza que el libro Living Economics, que publiqué recientemente, sirva para dar a conocer los treinta años y pico de mi romance con la economía, y también saque a relucir la gran alegría que me produce el estudio de la economía, principalmente cuando mis estudiantes comparten sus reflexiones conmigo. Creo que gran parte de la economía moderna ha perdido el camino y me siento fuertemente comprometido a salvaguardar la docencia y la esencia de la economía. Heredé de mi profesor Kenneth Boulding el término “economía convencional”, que describe un conjunto de proposiciones avanzadas significativamente por Santo Tomás de Aquino en el siglo XIII, y más tarde, en la Universidad de Salamanca (España), por los escolásticos tardíos de los siglos XV y XVI.
Destacan entre estos clérigos Francisco de Vitoria, Martín de Azpilcueta, Diego de Covarrubias, Luis de Molina, Domingo de Soto, Leonardo Lessio, Juan de Mariana y Luis Saravia de la Calle. Sus análisis impulsaron el desarrollo de la escuela de economía clásica, tanto en la Ilustración escocesa (Adam Smith) como en el Liberalismo francés (Jean Baptiste Say y Frédéric Bastiat). De allí brotó la escuela neoclásica, en especial la versión austriaca de Carl Menger, Ludwig von Mises y Friedrich Hayek. Más adelante se desarrolló la nueva economía institucional, reflejada en la economía de los derechos de propiedad (Armen Alchian y Harold Demsetz), la nueva historia económica (Douglass North), el derecho relacionado con la economía (Ronald Coase), la economía de la opción pública (James Buchanan y Gordon Tullok), la economía del gobierno (Oliver Williamson y Elinor Ostrom) y el proceso del mercado (Israel Kirzner). La idea clave de este acercamiento a la economía es que hay dos observaciones fundamentales en una sociedad comercial: 1. La búsqueda individual del interés personal. 2. Un orden social complejo que acopla los intereses individuales con el interés general.
En el desarrollo convencional de la economía, el postulado de “la mano invisible” reconcilia el interés personal con el interés general, no por un colapso del primero ante la fuerza del segundo, no por la suposición de capacidades cognoscitivas sobrehumanas entre los actores, sino por el proceso de reconciliación en el intercambio que ocurre en un entorno institucional específico. En palabras de Adam Smith, “el caos y el regateo” de la economía de mercado generan el orden social. Muchos se equivocan al suponer que la solución de la mano invisible emerge porque la economía convencional establece un conjunto de intercambios racionales, entre individuos perfectamente racionales, en un mercado perfectamente estructurado. Tales idealizaciones serían ajenas al pensamiento de Adam Smith y también al de Friedrich Hayek. Por el contrario, quienes seguimos los pasos de Adam Smith hemos aprendido que el hombre es una criatura muy imperfecta que opera en un mundo muy imperfecto. Al concentrarse en el intercambio y en las instituciones en las que el intercambio se produce, el razonamiento económico serio explica cómo los precios y los procesos empresariales del mercado impulsan el surgimiento de órdenes sociales complejos.
El término “economía convencional” (mainline economics) que utilizo en mi exposición contrasta con el término “corriente principal de la economía” (mainstream economics). La economía convencional se define como un conjunto de proposiciones positivas, descriptivas del orden social, que han sido compartidas por muchos desde Adam Smith hasta nuestros días. En cambio, la corriente principal es un concepto sociológico, relacionado con las preferencias de la élite científica de la profesión económica. A veces las predicciones de la economía convencional y de la corriente principal concuerdan, a veces se contradicen. En los momentos de contradicción, los actos intelectuales y empresariales son altamente necesarios para quienes trabajan en la economía convencional y tratan de recapturar la imaginación y la disciplina de la corriente principal de la economía.
Mi búsqueda se ha mantenido principalmente en el área de sistemas comparativos de política y economía, y las consecuencias de estos en relación con el progreso material y la libertad política. Al abordar estas cuestiones, también brotó en mi mente un interés particular por el pensamiento económico del siglo XX y la metodología de las ciencias sociales que constituyen, a mi juicio, el origen del enorme sufrimiento que hubo que soportar en los mundos socialistas y los subdesarrollados, causado por malas ideas en los campos de la economía y la política pública. Esas malas ideas se originaron en nociones erróneas sobre la filosofía de la ciencia aplicada a las ciencias sociales. Mis esfuerzos en las ramas de la investigación y la docencia se han concentrado en explorar y divulgar ese vericueto de errores intelectuales. La Escuela Austriaca de Economía, sus ideas, sus figuras históricas y su destino relacionado con la profesión económica y la política pública han sido, para mí, fuentes de constante inspiración intelectual desde mis años de pregrado, y sin duda se reflejan en todos mis escritos.
La economía nos enseña muchas cosas. En mi opinión, la enseñanza más importante que nos aporta es la explicación de cómo se desarrolla la cooperación social en un sistema de división del trabajo. Aquí está la explicación de por qué algunas naciones son ricas y otras pobres, por qué en unas naciones los individuos viven en la pobreza, la ignorancia y la privación, mientras en otras viven en la abundancia, gozan de buena salud y cuentan con múltiples posibilidades de progreso social. Cuando las instituciones estimulan la cooperación social bajo la división del trabajo, ocurren las ganancias del comercio y las innovaciones se realizan. Por el contrario, si las instituciones obstruyen la cooperación social y la división del trabajo, la vida se convierte en una lucha constante por la supervivencia. En otras palabras, la economía nos proporciona el marco intelectual clave para que sepamos cómo vivir mejor.
Mises llamó “ley de asociación” a este proceso que constituyó también la inspiración del fundador de la UFM, Manuel Ayau, cuyos libros analizan la idea de cooperación social en el marco de la división del trabajo. En uno de los ensayos de Living Economics insisto en el papel de la propiedad, los precios, las ganancias y las pérdidas, elementos que proporcionan a los actores económicos los incentivos, la información y el impulso innovador requeridos para lograr el fenómeno complejo de la coordinación económica y la cooperación social entre individuos anónimos. He aquí las características principales de una sociedad pacífica y próspera.
Combinados con la vocación docente, la visión compartida de la naturaleza y el significado de la ciencia económica otorgan satisfacción especial a la publicación de Living Economics por el Independent Institute y la Universidad Francisco Marroquín. Agradezco tal distinción a David Theroux, Presidente del Independent Institute, y a Giancarlo Ibárgüen, Rector de la UFM. Es un honor colaborar con dos hombres que han dedicado sus vidas a promover el razonamiento económico riguroso. Confío en que este libro será una contribución modesta al propósito de divulgar el pensamiento económico.