Cuánto más difícil dolarizar, más imprescindible

La aceleración de la inflación debilita el poder compra del peso y devalúa toda la economía

Ante el alto nivel de inflación que muestra la Argentina y los continuos fracasos de estabilizar el poder adquisitivo del peso, crece en la sociedad la idea de dolarizar la economía. Muchos colegas economistas que durante largo tiempo se oponían a esta reforma, ahora empiezan a sumarse a la cruzada. Varios políticos que ignoraban el tema, hoy lo colocan sobre la mesa de debate.

¿Pero qué tan factible es dolarizar la economía? ¿Cómo podríamos hacerlo? El primer paso es hacer un diagnóstico de la situación financiera de Argentina:

1. Inflación histórica desde 1935 a la fecha supera el 50% acumulativo anual;

2. Inflación para 2021 superó el 50 por ciento;

3. Expectativas de inflación base para 2022 en torno al 50% -70%, y tal vez más,

4. Inflación reprimida que amplía esas expectativas si se quitaran los controles de precios o dejara de atrasarse el tipo de cambio oficial y las tarifas de servicios públicos, las que reciben subas por debajo de la inflación actual;

Inflación reprimida que amplía esas expectativas si se quitaran los controles de precios o dejara de atrasarse el tipo de cambio oficial y las tarifas

5. Acumulación de pasivos monetarios en el Banco Central en forma de Notaliq y pases que superan el tamaño de la base monetaria y garantizan que la inflación futura será mayor aun que la presente;

6. Falta de independencia del Banco Central para resistirse a continuar monetizando los desequilibrios fiscales, lo que en definitiva garantiza que seguirá ampliándose la oferta monetaria, y también los pasivos monetarios; y

7. Con el avance espontáneo de una dolarización real en la que los argentinos poco a poco abandonan el peso como reserva de valor, y más bien lo sustituyen por activos o dólares, moneda que resguarda mejor el poder adquisitivo de sus tenencias.

Un programa de estabilización a lo Chile o Israel podría tener éxito en resolver los desequilibrios macro y le darían quizás a la Argentina un panorama de estabilidad, pero hay al menos tres elementos que chocan con este objetivo: 1. El reciente fracaso del programa de estabilización de Federico Sturzenegger; 2. El tiempo que se requiere para estabilizar la economía con un programa gradual y de mediano plazo; 3. Que la elección de un eventual gobierno populista podría evitar que se complete el proceso, o bien, si se completó podría anular o revertir el programa y volver a un escenario inflacionario.

Opción viable, con claros beneficios

La dolarización, por el contrario, parece entonces una opción viable que permitiría en menos tiempo obtener tres claros beneficios: 1. Evitar que el gobierno pueda continuar monetizando el déficit fiscal, por lo que se alcanzaría la estabilidad monetaria en un plazo relativamente corto de tiempo, convergiendo la tasa de inflación actual hacia la que tiene Estados Unidos; 2. Eliminar el riesgo de devaluación, y con ello reducir las tasas de interés nominales y reales, recuperando el crédito para apalancar el crecimiento económico; 3. Dificultad para un próximo eventual gobierno populista revertir ese camino y volver a los procesos de devaluación e inflación.

La pregunta que queda entonces es cómo dolarizar. ¿A qué tipo de cambio podría hacerse la conversión de los pesos circulantes? Aquí un escenario.

El primer punto a destacar es que la economía argentina ya se ha dolarizado de manera espontánea. Desde las últimas PASO en agosto de 2019 la mayoría de los argentinos retiraron sus dólares del sistema financiero por la desconfianza que generaba un posible triunfo electoral de quienes en ese momento constituían la oposición. La caída en las reservas brutas y netas fue abrupta e instantánea, y desde entonces no se recuperaron.

La economía argentina ya se ha dolarizado de manera espontánea. Desde las últimas PASO en agosto de 2019 la mayoría de los argentinos retiraron sus dólares del sistema financiero

De esta manera, la oferta monetaria en pesos que podemos considerar convertir a dólar representa sólo una porción del dinero que tienen los argentinos. Esa oferta monetaria es la que debemos evaluar convertir a dólar para encaminarnos a una dolarización oficial. Por supuesto, el potencial dólar convertible a calcular se incrementó en 2019 con la “fuga de capitales” y se incrementó de nuevo en 2020 con la enorme expansión monetaria en pesos para acompañar los efectos nocivos de las políticas de cuarentena. Cuánto más alto el tipo de cambio de conversión más difícil dolarizar en la práctica, pero a la vez, más indispensable.

Veamos entonces un escenario para el tipo de conversión. La fórmula simple sería:

TC conversión (TCC)= Base monetaria + otros pasivos (Leliqs y pases) / Reservas del BCRA. Con datos de abril 2022 el ejercicio arroja: $3.719.602 millones + $4.813.294 millones / USD 42.646 millones = $200 por dólar.

Sin embargo, aquí se abre un debate sobre ese total de USD 42.646 millones de dólares que el BCRA declara en sus reservas brutas. Y es que USD 13.350 millones constituyen depósitos que son del sector privado. Con esta resta, el TCC se eleva a 291 pesos.

Otro aspecto más sensible sería restar el swap chino equivalente a USD 19.982 millones. En tal caso el TCC sube a $916 por dólar. El cuadro permite evaluar distintos escenarios posibles:

Fuente: Elaboración propiaFuente: Elaboración propia

Esto no significa que no haya dólares para dolarizar. Si hubiera intención política de hacerlo, el gobierno debe evaluar el escenario y trabajar tanto en reducir los pasivos monetarios a convertir, como también en obtener dólares para ampliar el denominador.

Emilio Ocampo y Nicolás Cachanosky, por ejemplo, han propuesto canjear las Notaliq en manos de los bancos securitizando activos del BCRA (por ejemplo Letras Intransferibles) a través de un fideicomiso emitiendo bonos en dólares a corto plazo. Por el lado del denominador, habrá que explorar la posibilidad de monetizar el swap chino, o bien obtener un préstamo del FMI o algún organismo multilateral para llegar a un tipo de cambio de conversión que no implique un fuerte empobrecimiento de la sociedad y con ello haga inviable a la medida.

Aunque las reservas netas líquidas sean cero, para dolarizar los pesos que circulan se necesitan USD 40.000 millones, incluso menos, y se podrá aceptar un tipo de cambio de conversión algo mayor a 200 pesos

El punto central aquí es que la economía argentina ya está dolarizada. Que aunque las reservas netas líquidas sean cero, para dolarizar los pesos que circulan se necesitan USD 40.000 millones, incluso menos, y se podrá aceptar un tipo de cambio de conversión algo mayor a $200. No es un monto que pueda evitar una dolarización de la economía. No es una suma que asuste al sistema financiero global, si el gobierno dolarizador sabe explicar las grandes ventajas del proceso, y el potencial de crecimiento al que da lugar..

Gran parte del costo de la dolarización los argentinos ya lo hemos sufrido. Se trataría más bien de aprovechar ese costo para avanzar hacia sus beneficios y generalizarlos a toda la población. El momento es oportuno, incluso por la gran licuación de ingresos que ya hemos sufrido.

Publicado originalmente en INFOBAE, el domingo 8 de mayo de 2022.

1 comentario en “Cuánto más difícil dolarizar, más imprescindible

  1. Esto escribí hace tiempo.

    Santos Mercado
    ¿Cómo dolarizar suavemente?
    Propuestas que permitirían que con el tiempo desaparezca el CUC sin mayor trauma y permanezca el peso cubano.

    En mi tercer viaje a Cuba, recomendé una profunda reforma monetaria en la Isla. Tenían un completo desorden en materia monetaria: El “peso”, inventado por Fidel Castro cuando llega al poder y que nada lo respaldaba, era la moneda nacional. Desde el principio de la revolución se estableció una paridad de un peso cubano igual a un dólar americano. Fue una decisión política. Se estableció como única moneda de curso legal, los ciudadanos que recibieran cien dólares de algún familiar en Miami, tenían la obligación de entregarlo al Banco de Cuba y recibir a cambio cien pesos cubanos. Internamente nadie podía usar otra moneda diferente al peso cubano pues incurriría en delito. Además, el dinero solo se podía usar en compras al gobierno, pues es quien tenía el monopolio del comercio. Los pesos cubanos se cambiaban por dólares, pero al revés no funcionaba, cien pesos cubanos no se podían cambiar por cien dólares.

    El gobierno de la isla tenía soberanía monetaria, es decir, podía administrar su moneda como mejor considerara. Empezó a usar esa soberanía para resolver, por ejemplo, el problema del desempleo. Contrató a todos los desempleados. De hecho, por ley, el gobierno era el único que podía contratar en la Isla pues todas las empresas privadas desaparecieron o fueron expropiadas por el Estado. ¿Cómo le hacía para pagar el sueldo de todos los empleados? Muy fácil, bastaba imprimir todos los billetes necesarios. Con esos billetes, los trabajadores acudían a las tiendas del Estado y ese dinero regresaba para pagar de nuevo los sueldos. Siendo el gobierno el único patrón y el único vendedor, el ciclo monetario se cerraba perfecto.

    Sin embargo, el gobierno asumía múltiples compromisos que requerían dinero adicional, y volvía a imprimir más dinero. Era tarea fácil pues bastaba tener papel y tinta para las impresoras. Naturalmente, surge el mercado negro, los precios de la leche o del pan empezaron a incrementarse. La solución revolucionaria fue introducir control de precios. En toda la isla el precio de los cigarros, del azúcar o cualquier otro tendrían que ser los mismos sin importar si el punto de venta estuviera en el lugar más remoto de la isla. Este control de precios, provocó una gran demanda de productos, lo cual generó otro problema. Se resolvió creando una cartilla de racionamiento. El ministerio de Economía estudió las necesidades de los cubanos para conformar una canasta igual para todos. Cada persona tenía su cartilla y solo podía comprar en fechas señaladas a los precios oficiales. Pero todo esto creó un mercado corrupto. Por ejemplo, un niño tenía derecho de recibir dos cajetillas de cigarros a la semana, sus padres las vendían o intercambiaban furtivamente al fumador vicioso; o bien, el encargado de la tienda guardaba cierta cantidad de mercancías para quien estuviera dispuesto a pagar a un precio mayor. Obtenía así, una ganancia ilegal que le servía para conseguir bienes para su mesa.

    Pude observar las tiendas oficiales de la isla donde los precios estaban a la vista, en los anaqueles. Realmente todo era muy barato, solo que los anaqueles estaban vacíos casi siempre. Cuando llegaba el camión del frijol a surtir, se corría la voz, de inmediato se hacían largas filas para recibir sus dotaciones semanales: dos libras de frijol, dos de azúcar, un litro de aceite, dos cajetillas de cigarros, y algo más. La gente perdía mucho tiempo en las filas y no faltaron las riñas por los lugares.

    La paridad unidireccional del dólar y el peso cubano se mantuvo durante casi cincuenta años. A pesar de las prohibiciones, la gente quería dólares. Con un poco de suerte podían pedirle a algún turista que les comprara pasta de dientes, una plancha o un televisor en las tiendas de los diplomáticos. Así que, con todos los riesgos del mundo, se formó un mercado negro de la divisa. En 1993 acudí a un congreso de educación y en la calle me ofrecían hasta 160 pesos cubanos por un dólar. Con un solo dólar compré billetes con la efigie del Che Guevara que tanto gustaban a mis colegas de la universidad.

    Se flexibilizó el comercio y los cubanos ya podían comprar en las diplotiendas que solo recibían dólares. Pero la prohibición de que circularan dólares americanos en la isla se resolvió creando una nueva moneda convertible: el CUC. Esta nueva moneda sí estaba respaldada. Si el Banco de Cuba recibía mil dólares, tenía el derecho de imprimir mil CUC´s. Es decir, un CUC valía un dólar y viceversa. Nuevamente, el cubano que recibía cien dólares del exterior tenía la obligación de que acudir al Banco Nacional de Cuba para recibir 100 CUC´s, mismos que podía usar, no en las tiendas cubanas del pueblo, sino en las tiendas para extranjeros, que eran centros comerciales exclusivos para diplomáticos y turistas foráneos. Allí podían comprar mercancías importadas, normalmente a precios bastantes superiores de sus lugares de origen: Lavadoras, televisores, planchas, ropa de moda, etc.

    El respaldo del CUC en divisas obligaba tener los dólares en la bóveda para cuando alguien quisiera cambiar sus CUC´s por dólares. Generalmente aplicaba para turistas. En principio, no estaba tan descabellada esa política. Era artificial pues habría bastado dejar que la gente usara sus dólares, pero ganaron los sentimientos patrióticos contra el “imperialismo yanqui” y por eso inventaron una nueva moneda nacional y se mantenía la prohibición de que la gente usara dólares americanos

    Pronto el gobierno se percató que en la bóveda bancaria había gran cantidad de dólares almacenados y que bien se podían usar para compras al exterior. Las necesidades eran muchas, y se usaron. Igual, se empezaron a imprimir más CUC´S que ya no estaban respaldados. Esto creó un desequilibrio monetario. Si toda la gente que tenía CUC´s quisiera recuperar sus dólares, sería un imposible, pues ya no había suficientes en la bodega. En otras palabras, el CUC se devaluó. Los cubanos se metieron en un problema monetario artificialmente creado. La solución final fue que los poseedores de CUC´S podían rescatar pesos cubanos, pero no dólares. Muchos sintieron que era un verdadero atraco.

    En mi cuarto viaje recomendé que se deshicieran del CUC y del peso cubano, su moneda nacional revolucionaria y adoptaran el dólar como moneda de curso legal. Casi me corren de la Isla. Pero ahora ya veo anunciado por el gobierno que se están deshaciendo del CUC. Me dio mucho gusto.

    ¿Y cuál es el proceso para deshacerse del CUC? Sería muy fácil si no hubieran roto el respaldo en dólares. Simplemente invitarían a todos los poseedores de CUC´s que pasaran al banco porque tenían exactamente la cantidad necesaria y suficiente para el intercambio. Luego, el gobierno quemaría, literalmente todos los CUC´s recibidos y se acabaría el problema de tener dos monedas en Cuba. Pero esto fue imposible, por eso el gobierno determinó que cada CUC sería cambiado por 23 pesos cubanos. Esta es una solución algo traumática que utiliza la fuerza del Estado.

    Sin embargo, hay otra solución menos traumática, menos complicada y más beneficiosa. Consiste en lo siguiente.

    El gobierno cubano deja circular libremente cualquier moneda, sea peso cubano, CUC, dólar, euro, peso mexicano, etc.

    El gobierno deja que la paridad se resuelva libremente entre particulares, es decir, permite que se desarrolle el mercado de divisas. Autoriza que se abran casas de cambio privadas o gente de la calle que esté cambiando una moneda por otra.

    Permite que las tiendas de bienes o servicios determinen libremente los precios en las monedas que quieran.

    El gobierno deja de imprimir CUC´S o pesos cubanos.

    El gobierno elimina el control de precios en todo tipo de tiendas y centros comerciales, incluyendo las tiendas cubanas tradicionales.

    Permite que personas o empresas cubanas tomen en sus manos el comercio internacional.

    El gobierno establece una tarifa, digamos de mil CUC´S a quien quiera un permiso para salir de la isla. Y esos CUC´s deben ser incinerados.

    El gobierno establece una cuota de dos mil CUC´s para quien quiera un permiso de importación. Sea que importe ropa, gasolina, televisores, etc. Y se dedique a comercializarlos en la Isla.

    Estas propuestas permitirían que con el tiempo desaparezca el CUC sin mayor trauma y permanezca el peso cubano.

    Hay otra opción bastante suave para darle a Cuba un sistema monetario más sólido. Sin embargo, requiere la colaboración amistosa del gobierno norteamericano, quizás la tenga con el nuevo presidente. Consiste en acordar que el Fondo de la Reserva Federal de Estados Unidos (la FED) imprima la cantidad suficiente de billetes verdes para enviarlos a la isla y hacer una conversión rápida de pesos cubanos y CUC`s por dólares norteamericanos al tipo de cambio que en ese momento esté operando en la calle. El gobierno cubano solo pagaría por el papel, la tinta y la maquila. Al recoger esos billetes de la isla, se deben quemar, literalmente. De esta manera, no se estarían creando efectos inflacionarios en los Estados Unidos pues no están entrando a la economía norteamericana y tampoco estarían creando inflación en la isla, pues es una simple conversión de billetes. La ventaja es que ya no tendrán inflación mayor que la importada de Estados Unidos. A su vez, este cambio de moneda les conducirá a una corrección de precios que artificialmente se han establecido desde hace 60 años. La economía cubana se verá beneficiada con mayores posibilidades de comercio internacional.

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