¿Giro a la ortodoxia?

Definamos qué es la ortodoxia. Más allá de su vinculación a posiciones religiosas, el término “ortodoxia” para el caso que nos compete remite a la política económica que se ajusta a los principios de la ciencia económica o que cumple sus normas o prácticas tradicionales, generalizadas y aceptadas por la mayoría de los economistas que conforman la profesión. En pocos términos, la “ortodoxia” en economía se vincula con “equilibrios” fiscal, monetario y cambiario.

El gobierno que asume en diciembre de 2019 ha sido sumamente heterodoxo para enfrentar la crisis económica y sanitaria. En lo fiscal, si bien heredó una situación de relativo equilibrio fiscal primario, amplió el gasto con múltiples subsidios a diversos sectores de la economía, dejando una situación muy endeble de cara al 2021, con un desequilibrio fiscal primario de aproximadamente 10 puntos del PIB. Resulta difícil encontrar antecedentes a tamaño desequilibrio.

Sin acceso a deuda, el gobierno monetizó ese déficit dejándonos con un desequilibrio monetario que transitoriamente puede resolver absorbiendo esos excedentes de dinero con Leliqs, pero con riesgos de alta inflación y crisis cambiaria para el mediano plazo.

La cuestión cambiaria está ligada a la cuestión monetaria, y si bien el tipo de cambio al momento de asumir parecía de equilibrio (en palabras del propio Presidente), la crisis económica y sanitaria, más el desequilibrio fiscal y monetario, dejan una serie de problemas para los próximos meses que seguramente impactarán en el tipo de cambio nominal.

Resumiendo, la heterodoxia del gobierno se puede observar en un fuerte déficit fiscal, monetario y cambiario, más allá de que ciertos analistas lo justifiquen por la situación sanitaria, enfrentada con la polémica política de cuarentena universal, que recortó la actividad económica y el empleo, impactando negativamente en la recaudación.

El rumbo natural de los acontecimientos empieza a cambiar, no porque el gobierno haya hecho mucho, sino porque parecemos haber tocado fondo. El segundo trimestre mostró la mayor caída de actividad, impactando en un desempleo estimado en 29 % para mitad de año. Pero de ahí en adelante, en la medida que las medidas de cuarentena universal se empezaron a flexibilizar, la economía inició un rebote que se replicó prácticamente en todas las economías del mundo. De ese piso del segundo trimestre, sí, la Argentina está mejor; pero comparado con diciembre de 2019, o mejor aun contra marzo de 2018 que fue el último pico de actividad, Argentina aun tiene mucho espacio para recuperar.

Estas últimas jornadas recibieron algunas buenas noticias a nivel global. Algunos laboratorios empiezan a mostrar cierto éxito en el desarrollo de una vacuna que podría resolver en el mediano plazo la cuestión sanitaria. Los mercados bursátiles europeos mostraron cierto optimismo, por ejemplo, tras la noticia de Pfizer.

A su turno, la economía global también muestra un rebote acelerado con generación de empleo, en la medida que se van flexibilizando y en algunos casos desmantelando por completo las restricciones por cuarentena.

Los precios de los commodities empiezan a recuperar, y en algunos casos alcanzan picos superiores a los vistos en los últimos años, lo que puede contribuir a recuperar cierto optimismo en relación con las divisas que se pueden adquirir vía exportaciones.

Por el lado de Argentina, sí, hubo una buena señal (fundamental quizás) en detener las tomas de tierras. Un aspecto institucional clave que generó cierto optimismo en el mercado de que Argentina no será Venezuela, pero me pregunto: ¿Tan bajo hemos caído para pensar que esto es un giro a la ortodoxia?

Bien, no es solo eso. El gobierno ofreció un presupuesto 2021 que plantea reducir prácticamente a la mitad el desequilibrio fiscal basado en una mejora en la recaudación (natural por flexibilizar cuarentenas y recuperar actividad), y por recortar parcialmente el IFE pues ya no se justificaría con la nueva realidad. Pero aun si se cumpliera -lo que muchos dudan por el año electoral-, aun persiste un déficit fiscal de 4,5 % del PIB que será necesario monetizar.

Bueno, alguien dirá que no necesariamente habrá que monetizar, porque el gobierno ahora giró hacia el mercado de deuda, y coloca bonos -con atractivo rendimiento en dólares- que permite calmar al mercado cambiario. Bonos en dólares para formar reservas y bonos en pesos para absorber aquellos excedentes que podrían continuar demandando las divisas.

Al mismo tiempo, el gobierno cambió la fórmula jubilatoria, y sí, eso puede generar cierto ahorro fiscal en 2021 comparado con la fórmula anterior, pero también debemos señalar que la fórmula de actualización no parece ser muy ortodoxa, si tenemos en cuenta que ningún país del mundo administra las pensiones de ese modo.Por último, el FMI visitó la Argentina y presiona para que Argentina resuelva de una vez el desequilibrio fiscal, monetario y cambiario, avanzando en una serie de reformas laboral, previsional e impositiva, que además incluya una reforma integral del estado. Ese camino es el único que podría darle a la Argentina la posibilidad de evitar un nuevo default cuando el inicie el próximo gobierno en 2023. Pero esta es una agenda que Guzmán quiere evadir, y que dificultará el acuerdo.

Resumiendo, no hay un giro a la ortodoxia del gobierno. Tocamos fondo en el segundo trimestre, y rebotó la actividad a medida que la cuarentena universal se fue flexibilizando. Seguirá ese rebote en 2021, y seguramente habrá “recuperación”, pero no “crecimiento” por muchos años. La cuestión fiscal sigue siendo muy grave, aun con el cambio de la fórmula jubilatoria que deja en la misera a millones de pensionados. La cuestión monetaria es una bomba de tiempo, y será más grave aun con la monetización de 2021 cuya magnitud hoy no se puede precisar. La cuestión cambiaria, si bien muestra una calma transitoria por la conjunción de los factores señalados, será muy difícil de sostener con el correr de los meses, pues mantener los excedentes de pesos en Leliqs tiene un costo económico que el gobierno no puede pagar, y que irá agravándose por su propia fórmula de “bola de nieve”.

Un acuerdo con el FMI parece importante en esta Argentina. Pero eso sí requerirá, me parece, un giro a la ortodoxia que -por ahora- el gobierno no desea dar.

El autor es economista, profesor de ESEADE.

Publicado originalmente en Infobae, lunes 16 de noviembre de 2020.

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