I. Naturaleza y función del mercado

1. El mito marxista de la “anarquía de la producción”

La crítica marxista censura el orden social capitalista por la anarquía y la falta de planificación de sus métodos de producción. Afirma que todos los empresarios producen a ciegas, guiados sólo por el afán de lucro, sin que les importe en absoluto si las actividades que desarrollan satisfacen o no una necesidad. Por lo tanto, no es de extrañar, según este punto de vista, que surjan una y otra vez graves perturbaciones en forma de crisis económicas periódicas. Los marxistas sostienen que sería inútil que el capitalismo quisiera luchar contra estos males: sólo el socialismo proporcionará el remedio reemplazando la anárquica economía basada en el lucro por un sistema económico planificado, tendiente a satisfacer las necesidades de la sociedad.

Estrictamente hablando, con el reproche de que la economía de mercado es “anarquista” lo único que se dice es que no es socialista o, en otras palabras, que el verdadero manejo de la producción no depende de un organismo central que dirige el uso y empleo de todos los factores de producción, sino que está en manos de los empresarios y los dueños de los medios de producción. Por lo tanto, calificar de “anarquista” a la economía capitalista sólo significa que la producción capitalista no es una función de las instituciones gubernamentales.

Sin embargo, la palabra “anarquía” conlleva otras connotaciones. Habitualmente la empleamos para referirnos a condiciones sociales en las cuales, por falta de un aparato gubernamental fuerte destinado a preservar la paz y asegurar el respeto por la ley, prevalecen el caos y una permanente situación de conflicto. Por consiguiente, asociamos la palabra “anarquía” con el concepto de condiciones intolerables. Los teóricos marxistas se complacen en utilizar tales expresiones y necesitan las implicaciones que éstas encierran para despertar simpatías y antipatías emocionales que suelen obstaculizar o impedir el análisis crítico. El slogan de la “anarquía de la producción” ha cumplido a la perfección este servicio. Generaciones enteras se dejaron confundir por ese slogan, que influyó en las ideas políticas y económicas de todos los partidos políticos actualmente activos e incluso, en medida considerable, en aquellos que se declaran abiertamente antimarxistas.

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