Comentario semanal en Sound Money Project de ATLAS: ¿Es el dinero un bien público, y por lo tanto es necesario que sea provisto por el gobierno?
Comentarios son bienvenidos en la página de Sound Money Project.
Comentario semanal en Sound Money Project de ATLAS: ¿Es el dinero un bien público, y por lo tanto es necesario que sea provisto por el gobierno?
Comentarios son bienvenidos en la página de Sound Money Project.
Podríamos decir que existen dos grupos de pensadores dentro de la Escuela Austríaca. Aquellos que intentan dialogar con pensadores que siguen otros programas de investigación o paradigmas, y aquellos que intentan avanzar, progresar, dentro del propio programa de investigación o paradigma. Pero la pregunta de fondo que podemos hacernos es la siguiente: el enfoque neoclásico y el austríaco, ¿pueden ser complementarios? ¿O aceptar la tesis austríaca implica necesariamente abandonar el enfoque neoclásico que se ha desarrollado desde 1871 en adelante?
En su post «Mises: ¿Rothbard o Machlup?» Gabriel plantea que la interpretación machlupiana en «The Problem of Verification in Economics» del apriorismo de Mises puede ser más apropiada que el «In Defense of Extreme Apriorism» de Rothbard (ambos alumnos de Mises). La pregunta de Gabriel es si Mises es un extremo apriorista como la lectura de Rothbard parece indicar o si en cambio la lectura de Machlup representa una postura más apropiada. Si Mises no fue del todo claro en el tema, estos autores pueden contribuir a una lectura de Mises como tema de historia del pensamiento. Estas dos interpretaciones, o tensiones, se encuentran presentes incluso entre austriacos. La confusión a veces llega al punto tal que si a uno le preguntan qué opina del apriorismo de Mises uno se siente tentado de responder con otra pregunta: «¿Qué entendés por el apriorismo de Mises?»
La lectura de que Mises es un extremo apriorista genera rechazo en al comunidad, y no es difícil encontrar críticas argumentando que Mises no sigue su propio método. Si en cambio es cierto que Mises estaba más cerca de Machlup que de la interpretación de Rothbard, entonces Mises puede recuperar espacio en la historia del pensamiento como alguien que, seguramente sin ser perfecto, tampoco era un improvisado en el tema. Sigue leyendo
En el año 2005 tuve el gusto de conocer a Carlos Bondone, quien con toda cordialidad me explicó su Teoría del Tiempo Económico, que es una re-elaboración de la EA a partir de Menger. Resulta siempre sorprendente escucharla para quienes hemos sido formados en Mises y Hayek, y es un desafío para nuestra capacidad de diálogo académico, pues Bondone tiene sus razones y son dignas de ser escuchadas. Yo consideré siempre un deber de mi ética popperiana abrir a los austríacos al diálogo con este nuevo enfoque, aunque la EA, como paradigma, no tenga predisposición a someterse a una crítica interna que viene nada más ni nada menos que de seguir de modo diferente los pasos de Menger. Así que una vez más, aquí la presentamos -esta vez mediante la reproducción de mi prólogo a su último libro, «Capitalismo y Moneda«-.
«The future is open», como decía Popper, y el debate está abierto.
————-
CAPITALISMO Y MONEDA, de Carlos Bondone
PRÓLOGO
No es la primera vez que yo, sólo un filósofo, tengo el honor de introducir una obra de economía. Pero cuando lo hago, lo hago precisamente desde esa perspectiva, la filosófica, que da una perspectiva especialmente adecuada a ese “paradigma alternativo” que es la Escuela Austríaca de Economía.
En ese sentido, hay en este libro de Carlos Bondone tres aspectos que quisiera resaltar. Los dos primeros han sido objeto de largas conversaciones con el autor, a quien estoy muy agradecido por la confianza depositada en mi persona.
En primer lugar, la teoría del Tiempo Económico (ya presentada en el primer libro del autor[1]) presenta dos peculiaridades importantes dentro de la Escuela Austríaca. Primero, su mayor simpleza. Eso es algo que siempre llama la atención en el caso de algún tipo de modificación teorética, sobre todo después de los análisis de T. Kuhn sobre la historia de la ciencia. En efecto, el autor se remonta directamente a Menger y, como viaje en otra línea temporal, nos hace partir de vuelta desde allí, tomando al dinero como una mercancía más, sometida a oferta y demanda, considerándola como bien presente, y distinguiendo, desde allí, entre bien presente y bien futuro, asignando a este último al función de crédito. Cuando este último, a su vez, se intercambia en mercado libre, estamos en presencia del crédito económico regular. Decimos “en mercado libre” porque en ese caso se define con claridad la calidad y cantidad del bien económico futuro con que se cancelará la obligación. Cuando ello no sucede, esto es, cuando no se define en el contrato la cantidad y calidad del bien con el que se cancelará la obligación en cuestión, estamos en presencia de crédito económico irregular. Como vemos, es obvia la inclinación del autor por el 100% de reserva, con una salvedad que el lector ya encontrará. A partir de allí, el autor está en condiciones de establecer el error básico de todas las políticas monetarias que, en el siglo XX, han hecho del gobierno el principal autor del crédito económico irregular y, por ende, de las crisis financieras, y no sólo incluso, sino sobre todo, la actual. El autor presenta su teoría del tiempo económico –y esto es muy interesante, y despertará mucho debate- con mayor simplicidad que el camino recorrido por austríacos posteriores.
Esto nos lleva al segundo punto. Como filósofo y epistemólogo de la Escuela Austríaca, no me corresponde juzgar sobre el contenido concreto de las diferencias teoréticas de los miembros de la escuela. Si así lo he hecho en mi última contribución a la epistemología de la Escuela Austríaca[2], coherente actitud debo mantener en este caso. Como epistemólogo, sin embargo, quiero decir que veo a la propuesta de Bondone como dentro del programa de investigación de la Escuela Austríaca, que nunca ha sido un programa homogéneo en cuanto a sus contenidos concretos. Por lo tanto, Bondone es un austríaco que, como muchos de ellos, presenta una propuesta teorética singular dentro del mismo programa de investigación. Eso, desde Kuhn y Lakatos. Desde la ética de la ciencia de K. Popper, esto merece y debería ser debatido y discutido, porque sólo así se enriquecen los contenidos de un programa de investigación. En este sentido, dentro de la Escuela Austríaca, sería deseable una mayor conciencia de la diversidad y riqueza de sus propuestas, y de la necesidad de debatirlas sin “excomuniones” mutuas. Se trata de un programa de investigación, con obvias y ricas diferencias entre sus autores.
Eso, en lo que a la Escuela Austríaca se refiere. De cara a otros programas de investigación, y otras propuestas de política económica, el libro de Bondone no podría ser más oportuno, como todos aquellos que en este momento están tratando de poner luz en este devastador tsunami crediticio que está llevando al mundo a una recesión global. Es en ese sentido que el autor está dentro de la tradición de todos los austríacos, que siempre han denunciado a la intervención del estado en la economía, y especialmente en el mercado crediticio, como la causa de los ciclos de expansión y recesión que Keynes, exactamente a revés que Mises, consideró efecto de un capitalismo “sin control”. Por ello los actuales acontecimientos mundiales, especialmente en EEUU, son doblemente dramáticos. Un drama es ir a toda velocidad hacia un muro de granito, haciendo todo lo posible por evitar la colisión, pero un drama mayor es pisar el acelerador, suponiendo que de ese modo el muro desaparecerá como por encanto. Pues bien: eso es lo que está sucediendo en las actuales circunstancias mundiales. Parte de lo que unifica a los economistas austríacos es su clara conciencia de que la expansión monetaria, por parte de los bancos centrales, produce una etapa de expansión artificial, seguida por la inevitable recesión, mayor en magnitud cuanta mayor haya sido la expansión crediticia anterior. Ello, por supuesto, no es capitalismo ni libre mercado, sino una brutal intervención gubernamental en un aspecto esencial de la economía, como es el mercado financiero y de créditos. No es poca cosa: minimizar el problema es como decir que una persona está bien excepto porque tiene su sistema circulatorio arruinado. Pero el mundo político y teorético actual se empeña en suponer lo contrario, y, con un revival total y completo del keynesianismo (que si es igual a Keynes, es otro debate en el que no me corresponde juzgar) supone que hay que expandir aún más el gasto público y el “crédito irregular”. Las consecuencias de esa insistencia en esa droga crediticia son dignas de una película de ciencia ficción que está comenzando a dejar de serlo. Mises describió en su seminal libro sobre la moneda y el crédito[3] las consecuencias del colapso total del sistema monetario y crediticio. Trasládese ello a nivel mundial y se podría decir que estamos en el comienzo. Gracias a Dios que las predicciones en ciencias sociales son harto falibles….
En ese sentido, la simplicidad y precisión del diagnóstico de Bondone son un servicio inestimable en esta causa de clarificación teorética y práctica. Es, por un lado, una propuesta de debate para los austríacos, pero, por el otro, es una advertencia a nivel mundial, donde Bondone se unifica con el resto de los austríacos y denuncia el error intervencionista que nos está llevando hacia el colapso. Ojalá fueran los inefables dictadorzuelos latinoamericanos el único motivo de preocupación. Es la Reserva Federal, es la ingeniería social, es el socialismo monetario y crediticio de las naciones supuestamente “serias” lo que nos está llevando hacia el colapso. Saludo a este libro de Bondone como una límpida advertencia del problema y una clara propuesta de solución.
Gabriel Zanotti
Buenos Aires, Febrero de 2009.
—————————————————–
[1] Bondone, C.: Teoría de la Relatividad Económica, Distal, Buenos Aires, 2006. Versión inglesa: Theory of Economic Relativity, Buenos Aires, 2007. Une vesión abreviada puede encontrarse en: Bondone, C.: “Teoría de la relatividad económica”, en Libertas (45), 2006, pp. 187-214.
[2] En “Los teoremas de la Economía Política”, en Revista de Análisis Institucional (2008), 2, pp. 27-112.
[3] Mises, L. von: The Theory of Money and Credit [1912], Liberty Fund, 1981.
Comentario sobre la propuesta de Selgin de usar la base monetaria de dólares como transición a un sistema de free banking. El post se encuentra en la página de Sound Money Project de ATLAS.
Comentarios son bienvenidos en la página de Sound Money Project.
La “Metodología de la economía positiva” de Milton Friedman (1958) se ha constituido en un clásico de la literatura por disociar el irrealismo de los supuestos de una teoría, de su validez o relevancia, señalando que aquello que debemos pedir a una teoría es que permita predecir, no describir correctamente el mundo.
El trabajo fue el origen de generaciones de economistas que han intentado desarrollar teorías económicas que describían poco y nada el mundo en el que vivimos, pero intentaban predecir sucesos futuros.
Tras la crisis financiera internacional, y tras la incapacidad de dichas generaciones de economistas por predecirla, se han alzado cientos de voces de los más prestigiosos economistas del mundo, reclamando el fin de la economía neoclásica, alegando que para predecir los sucesos futuros que sobrevendrán en la economía real es necesario primero comprenderlo, y que los supuestos irreales son sólo un “juego de niños” que distraen el intelecto de los economistas en un sentido opuesto al que se requiere.
Estos economistas señalan el abuso de la matemática en economía y abogan por el fin de los modelos de equilibrio general o parcial, con información plena o relevante, pidiendo el retorno de la filosofía de la incertidumbre y los desequilibrios.
Lo cierto es que más allá de este reclamo, la mayoría de los economistas siguen haciendo su ciencia como si nada hubiera ocurrido. Si el reclamo tendrá o no algún tipo de respuesta, aun no lo sabemos.
Es por ello que propongo un ejercicio. Imaginemos que los economistas deciden abandonar la síntesis neoclásica. ¿Qué escenario enfrentaría la profesión?
Qué engloba la economía neoclásica
Tratemos de dar respuesta primero a qué escuelas de pensamiento engloba la economía neoclásica. Qué es lo que en definitiva se pierde con tal hipotético suceso.
Desaparecería la economía monetarista o Escuela de Chicago, aquella iniciada en los trabajos de Irving Fisher, Frank Knight y Jacob Viner, que alcanzaran su máxima expresión en los escritos de Milton Friedman, y que ha dado lugar a numerosos premios Nobel, como Gary Becker o Edmund Phelps.
También desaparecería la Nueva Macroeconomía Clásica, en la que contribuyeron John Muth, Robert Lucas, Thomas Sargent y Robert Barro, con sus modelos de expectativas racionales e “información relevante”. Esta escuela en cierta medida reemplazó al monetarismo de Chicago, absorbiendo a sus principales figuras y ocupando la escena en la vieja Escuela de Chicago.
En el mismo entorno, aparece el Public Choice o Escuela de la Elección Pública de James M. Buchanan o la Nueva Economía Institucional de Douglass North. Es cierto que James M. Buchanan aboga por estudiar la cataláctica de Mises y Hayek, y rescata la economía política, no matemática, pero por desgracia, gran parte de la teoría contemporánea de la Elección Pública ha sido moldeada por la corriente dominante. También es cierto que Douglass North o Ronald Coase han destacado el rol de las instituciones en el análisis económico, tan necesario como importante, pero los modernos desarrollos de la tradición, siguen también la corriente y el método mainstream.
No podemos olvidarnos de la síntesis neoclásica del keynesianismo. Aquella que John Hicks y Paul Samuelson, entre tantos otros, contribuyeron a formular, y que dominaron por unas tres décadas entre 1940 y 1970, hasta que la contrarrevolución monetarista entró en escena. Es importante señalar que los macroeconomistas hoy exigen abandonar el anticuado modelo IS-LM.
¿Qué autores y Escuela de pensamiento no han sido absorbidas por la síntesis neoclásica?
Quedan los autores previos a la revolución marginal, lo que de algún modo lleva a retornar hacia los griegos, la escolástica o los clásicos. Seguramente en la tradición clásica hay teorías que sería necesario recuperar.
También queda la Escuela Austríaca de Economía, que más allá de que su fundador, Carl Menger, participó de la revolución marginal, nunca adhirió a la economía matemática y a los modelos de equilibrio (aunque la macroeconomía de Hayek sí se adhirió en los años 1930). Ludwig von Mises, sobre las bases de los trabajos de Weber, Menger y Böhm Bawerk reconstruyó la teoría económica en su tratado “La Acción Humana”, donde justamente abogaba por estudiar la economía partiendo del hombre de carne y hueso, y fijando todo el interés en el realismo de las implicaciones lógicas que se obtienen de la acción, la que es necesariamente individual, subjetiva y dinámica, además de estar enmarcada en la incertidumbre.
En el otro extremo, vuelve Karl Marx, aunque limitado a las preguntas que todavía no encuentran respuesta tras el debate sobre la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo de 1920, y que se reprodujera en los años 1930, entre Lange y Hayek. En su ya clásico libro titulado “Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial”, donde justamente repasa dicho debate, el propio Jesús Huerta de Soto señala que Marx, tiene “curiosas coincidencias con el análisis del proceso de mercado de los teóricos austriacos”.
También retorna John Maynard Keynes, como ha reclamado su biógrafo Robert Skydelsky. “Debemos distinguir al Keynes hombre, del Keynes mito”, señalaba Ricardo Crespo, quien agrega que Keynes en 1946 declaró no ser keynesiano” Esto por supuesto da lugar también a los trabajos de Axel Leijonhufvud, quien intenta recuperar a Keynes de la síntesis neoclásica que se había construido sobre él.
Tampoco podemos olvidarnos de la Economía Social de Mercado, en la que han contribuido Wilhelm Röpke, Ludwig Erhard y Walter Eucken y donde hoy se destacan algunos defensores modernos como Marcelo Resico.
Para terminar, existen numerosos movimientos heterodoxos que son menos conocidos, que han criticado el enfoque neoclásico y que reclamarían su lugar.
Reflexión final
Un suceso hipotético como el mencionado, llevará a la profesión a retroceder, quitar aquello que no sirve, tomar aquello que queda, y ver dónde estamos.
Por supuesto que el debate entre Estado y Mercado continuará independientemente del lenguaje y los métodos que los economistas elijan para debatir. Pero lo dicho nos deja un escenario renovado y diferente.
Nos deja con algunos marxistas en defensa de un socialismo golpeado, tras la caída de todos los régimenes en el este de Europa y la imposibilidad de dar respuesta al planteo original de Ludwig von Mises en 1920. De hecho, la hipotética respuesta de equilibrio desarrollada por Oskar Lange y otros socialistas, considerada como un desvío indebido al debate, caería junto con la crisis del paradigma neoclásico.
Keynes resurge, pero su intervencionismo también está limitado a los procesos inflacionarios que supo generar en los años 1970 y que dieron lugar a la contrarrevolución monetarista y el resurgimiento austríaco. Difícilmente este keynesianismo vuelva a plantear la política monetaria y fiscal activa que reclamaba en los años 1930, o el mercantilismo proteccionista exacerbado que Keynes promovió en vida. Más bien, parecieran moderarse a que tales políticas sólo pueden ser útiles en circunstancias puntuales como la de aquella gran depresión de los años 1930, o los sucesos que hoy mismo estamos enfrentando tras la gran depresión global.
La Economía Social de Mercado es todavía un movimiento demasiado chico, y no tiene hoy centros de investigación, más allá de las contribuciones de la Fundación Konrad Adenauer. Tampoco parece representar todavía una escuela de pensamiento independiente, ajena al keynesianismo y a la Escuela Austriaca de la cual se nutrieron originalmente, aunque sí puede permitir un diálogo fructífero entre éstos, y ofrecer un punto intermedio de política económica
Y tenemos a la Escuela Austriaca, que resurge y crece, tomando un destacado lugar en algunos centros académicos como el de la George Mason University, el Cato Institute y el Ludwig von Mises Institute (Estados Unidos), el de la Universidad Rey Juan Carlos (España), el de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala), o el de ESEADE (Argentina), además de participar activamente en las revistas científicas más renombradas.
Demás está decir que un suceso hipotético como el imaginado dará lugar a ciertos replanteos dentro de las escuelas de pensamiento caídas, como el monetarismo, el public Choice o la nueva economía institucional, que posiblemente se reconstruyan y den lugar a nuevos movimientos.
En los comentarios del post de Adrián sobre «Un nuevo desafío de Krugman» surgió el tema de la no neutralidad del dinero. Este es un tema en que «austriacos» y «no austriacos» no sólo no se ponen de acuerdo, sino que pareciera ser que no siempre se entienden mutuamente. Cada vez que alguien menciona que hay algún efecto real en el mercado originado por cambios en la cantidad de dinero se puede responder que eso se debe a que aún no estamos en el largo plazo y por lo tanto aún no se han desvanecido todos los efectos. Ninguna prueba empírica puede contradecir al principio de no neutralidad del dinero dado que siempre se puede responder que aún no se han eliminado todos los efectos del corto plazo. Un tipo de respuesta que no pocas veces se le ha criticado a varios austriacos. Así como uno puede reclamar la prueba empírica de la no neutralidad del dinero, igual de válido sería reclamar pruebas empíricas de la neutralidad del dinero. Tales pruebas no existen, los datos necesarios no pueden ser interpretados sin hacer referencia a la idea de neutralidad o no neutralidad del dinero, es decir, no pueden ser interpretados independientemente de aquello que se desea probar.
Hay un acuerdo generalizado que en el corto plazo cambios en la cantidad de dinero tienen efectos reales. Si ese no fuera el caso la política monetaria no tendría sentido y la estrategia, por ejemplo, de reducir el desempleo con inflación sería igual de inútil. Es decir, la práctica de política monetaria no es una contradicción con la neutralidad del dinero. El punto, sin embargo, es que sucede en el largo plazo. Si el dinero es neutral, entonces el mercado converge al mismo punto de equilibrio que hubiese ido de no haber habido cambios en la cantidad de dinero; por lo tanto en el largo plazo no importa si el Banco Central sigue una regla o dispone de discrecionalidad. Es decir, el dinero es un velo que no afecta en el largo plazo los precios relativos, el nivel de precios no importa. La cantidad de dinero no es relevante para la estructura de equilibrio de mercado.
Si bien es cierto que cualquier cantidad de dinero puede ser óptima en equilibrio, eso no quiere decir que cualquier cantidad de dinero lo sea fuera del equilibrio. El problema es si los efectos del cambio de dinero tienen algún efecto durante la transición al equilibrio. Si los cambios en la cantidad de dinero tienen efecto sobre los determinantes del equilibrio, entonces la estructura del equilibrio se va a ver alterada y por lo tanto estos cambios son no neutrales.
Cambios en la cantidad de dinero afectan a los distintos agentes económicos de manera desordenada. Quienes están primeros en la fila reciben billetes extra que aún no han perdido su poder adquisitivo y por lo tanto pueden incrementar su consumo. Quienes están últimos en la fila reciben los nuevos billetes luego que los mismos han perdido su poder adquisitivo. Si no hay nuevos cambios en la cantidad de dinero (respecto a la demanda de dinero), entonces estos efectos comienzan a diluirse y el mercado debería converger al mismo equilibrio.
Esta conclusión, sin embargo, descansa en el supuesto implícito de que los determinantes del equilibrio son constantes y no varían. Esto, sin embargo, no deja de ser un supuesto, y como tal puede ser falso. Podemos, a modo sencillo, dividir los determinantes del equilibrio (parámetros) en dos grupos: 1) preferencias de los individuos y 2) dotación de bienes de capital. Si alguno de estos se ve modificado por cambios en la cantidad de dinero, entonces el equilibrio final va a diferir del original. Si las preferencias cambian (las personas ahora prefieren otros bienes o servicios) o si de alguna manera se afecta la disponibilidad de bienes de capital, entonces las condiciones de equilibrio van a diferir.
Puede ser que al construir un modelo se quieran aislar los efectos no neutrales del dinero, y se podrá discutir la conveniencia o inconveniencia de dicho supuesto en cada uno de ellos. Es muy distinto, sin embargo, asumir que la neutralidad del dinero es un hecho real en lugar de un supuesto al momento de recomendar política monetaria o económica. Al pasar del pizarrón a la realidad debemos preguntarnos qué es más plausible, que las preferencias subjetivas de los individuos no se vean afectadas por los efectos no neutrales de la transición, como si estuviesen talladas en piedra, o que dichos efectos generen cambios en las preferencias de los individuos. Si hay cambios en las preferencias, entonces hay cambios en los precios relativos. Si lo segundo es más plausible, entonces no se puede afirmar que el dinero es neutral, sino que lo estamos suponiendo. Ser y suponer son dos cosas bien distintas.
Por el otro lado, dado que en el corto plazo cambios en la cantidad de dinero llegan a los agentes económicos en momentos y cantidades distintas, la estructura de gasto e inversión se ve modificada. Esto sería irrelevante en el largo plazo si los bienes de capital fuesen homogéneos. Pero si, nuevamente, al pasar del pizarrón a la realidad es más plausible que los bienes de capital sean heterogéneos entonces esto tiene efectos sobre el equilibrio final. Que los bienes de capital sean heterogéneos no quiere decir que no se puedan transformar de una actividad a la otra. Lo que quiere decir es que dicha transformación no es gratis, es decir, requiere de consumo de recursos. Si la transformación fuese gratuita entonces serían homogéneos. Sin embargo, que transformar bienes de capital no sea gratuito implica que se está afectando la dotación total de bienes de capital, y esto también tiene un impacto en los precios relativos. Si la dotación y estructura total de bienes de capital se ve modificada, entonces el equilibrio posterior a cambios en la cantidad de dinero es diferente y por lo tanto cambios en la cantidad de dinero tiene efectos reales, es decir, no neutrales.
En última instancia, si la economía como ciencia busca dar explicaciones sobre el mundo real, el problema de la neutralidad o no neutralidad del dinero se reduce a qué supuestos son más plausibles.
“Yo, el lápiz” de Leonard Read o “El uso del conocimiento en la sociedad” de Friedrich Hayek, se han constituido en clásicos de la literatura económica por su claridad conceptual y su validez universal. “El hombre olvidado” de William Graham Sumner también es un clásico, pero para los lectores de habla hispana es menos conocido. El artículo fue escrito en 1883 y luego publicado por Yale University Press en 1925. Libertas, la revista académica de ESEADE con base en Argentina, lo publicó por primera vez en español en 1997.
Este artículo no intenta ser original en ningún sentido. Sólo intentamos tentar al lector a leer un artículo que entendemos debiera ser parte de la formación económica y política de todos los jóvenes profesionales y de los hacedores de políticas públicas.
¿Quién es el hombre olvidado?
Dice el autor: “La mayoría de los proyectos filantrópicos o humanitarios se ajustan al siguiente esquema: A y B se reúnen para decidir lo que C debe hacer por el bien de D. Todos los esquemas de este tipo están viciados radicalmente, desde el punto de vista sociológico, por el hecho de que a C no se le permite opinar acerca del asunto, y de que su posición, su carácter y sus intereses, así como los efectos que se producirán sobre la sociedad por su conducto, se pasan totalmente por alto. C es lo que yo llamo el Hombre Olvidado”.
El ejemplo del salario mínimo
Consideremos el caso del salario mínimo. Los sindicatos (A) presionan para elevar el salario. El gobierno (B) accede. Los beneficiarios (D), son algunos trabajadores que verán aumentar sus salarios. Sin embargo, un análisis simple de oferta y demanda del mercado laboral nos permite comprender que algunos trabajadores que en ausencia de la legislación hubieran logrado establecer contratos voluntarios de trabajo con los empresarios, por salarios inferior al mínimo establecido, quedan ahora desempleados. Los hombres olvidados (C) son aquellos empresarios y fundamentalmente aquellos trabajadores que en estas circunstancias quedan al margen del trabajo formal.
El ejemplo del rescate durante la crisis estadounidense de 2008
Veamos otro ejemplo. A es el gobierno estadounidense. B es la Reserva Federal de EE.UU. D son las decenas de empresas estadounidenses que durante la crisis de 2008 eran “demasiado grandes para caer”. ¿Quién es C? Si tomamos en cuenta que A decidió ayudar a D con los planes de estímulo financiados con los impuestos, C son los contribuyentes estadounidenses. Si tomamos en cuenta que B para ayudar a D decidió duplicar la cantidad de dólares que circulaba en el mundo, y tomamos en cuenta que tal decisión reduce el poder adquisitivo de sus tenedores, C son las millones de personas que creían en el dólar como reserva de valor.
El reclamo de William
No será difícil para el lector extrapolar el análisis a los cientos de casos que día a día publican los diarios en todo el mundo. Cada nueva legislación que se aprueba, tiene un alto porcentaje de posibilidades de haber olvidado a estos hombres.
“Por una vez, siquiera, pensemos en él [el hombre olvidado] y consideremos su caso, ya que todos los médicos sociales tienen la característica de concentrarse sobre algún hombre, o grupo de hombres, cuya situación despierta simpatía y estimula la imaginación, y planifican sus remedios para tratar ese problema en particular. […] [I]gnoran totalmente cuál es la fuente de la que deben extraer la energía que emplean en sus remedios y pasan por alto todos los efectos que éstos producirán sobre los demás miembros de la sociedad, ya que sólo tienen en cuenta los que les interesan. Están dominados por la superstición del gobierno y, olvidando que éste no produce nada en absoluto, pierden de vista lo primero que deberían recordar al hacer cualquier análisis social: que el estado no puede obtener un céntimo de ningún hombre sin quitárselo a otro, y este último es quien lo ha producido y ahorrado: el Hombre Olvidado”.
La literatura moderna
El mensaje de William está comprendido en la literatura, e incluso se han logrado importantes avances sobre la cuestión. La Teoría de la Elección Pública por ejemplo, ha logrado desarrollar modelos que explican que aun cuando los beneficiarios de las políticas gubernamentales sean pocos, éstos pueden lograr que una legislación sea sancionada porque sus intereses están concentrados, mientras que los hombres olvidados, aun cuando sean muchos, están dispersos. Esto lleva a que los grupos de presión (A), convenzan a los legisladores (B) a sancionar leyes a favor de cierto grupos (D), pero nunca consultan a quienes en definitiva pagan por aquellos gastos y que en definitiva representan la mayoría.
La democracia de las mayorías también se ve vulnerada con el logrolling o intercambio de votos, en el sentido que un legislador puede apoyar el proyecto de otro a cambio de que éste último apoye el del primero. Es así como pequeños grupos de presión van logrando aprovecharse de aquel hombre olvidado, el que “pasa de largo y nadie repara en él, porque se ha comportado bien, ha cumplido sus promesas y no ha pedido nada”.
¿Es Mises «extremo apriorista» como Rothbard lo dice?
Yo sencillamente creo que no. ¿Por qué no leer un poco más a Machlup al respecto? Por supuesto nunca vamos a resolver el problema yendo a los textos de Mises considerados en sí, pues tienen ambiguedades que dan pie para «fans admiradores» y «fans críticos» de ambos lados. ¿Pero no existe acaso la interpretación «pragmática» de un autor? ¿No hay que ir a su CONtexto, a su mundo de vida, a los destinatarios de su mensaje, a sus preocupaciones, etc? No creo que eso «sea convertir a Mises en Gabriel», como a veces se me dice. Creo que puede ser una interpretación de Mises, opinable, pero no una «decodificación aberrante» del autor……..
Dejo un artículo donde trato con un poco más de formalidad el tema (Ver pág. 12 a 15).
Siempre tuve la sensación de que el crecimiento o reconocimiento académico que un pensador obtiene con publicaciones científicas o premios, debieran redundar en una mayor responsabilidad al escribir y fundamentalmente en la crítica que se desarrolla a los oponentes teóricos. Básicamente pienso que la experiencia debiera llevar a los personajes más renombrados de la academia a moderar el discurso, a conservar ciertos modos y a tratar de ponerse en el lugar del otro, no en búsqueda de un debate ideológico, sino en búsqueda de entender el discurso ajeno.
Paul Krugman obtuvo el Premio Nobel en 2008, y desde entonces, al igual que Paul Samuelson, ha hecho todo lo opuesto a aquello. En lugar de ser más responsable y cuidadoso en cada artículo, sea en las revistas científicas o en los diarios, Krugman decide atacar superficialmente a aquellos que le critican, con pasión y con un vacío de argumentos asombroso. No sólo ello, además –como han señalado Anna Schwartz y Edward Nelson– ha abandonado su campo de especialización que es la economía internacional, por la que ha recibido el galardón más importante en la disciplina, y trata temas monetarios, campo sobre el que no se le conocen contribuciones.
Críticas a la teoría austríaca del ciclo económico
A lo largo de la historia del pensamiento económico del siglo pasado, se han desarrollado importantes críticas a la teoría austríaca del ciclo económico, como las de Gottfried Haberler, Tyler Cowen, Bryan Caplan, Gordon Tullock o Leland Yeager.
La crítica de Krugman a la Teoría Austríaca del Ciclo Económico de Mises y Hayek data de 1998, en su corto artículo “The hangover theory. Are recessions the inevitable payback for good times?”, la que recibiera respuesta de Roger W.Garrison y Gene Callahan, entre tantos otros, señalando que constituye un error concebir tal teoría como una de “sobreinversión”, y que sería más atinado calificarla de “mala-inversión”, como de hecho quedaba claro ya, en el tratado de economía de Ludwig von Mises.
La nueva crítica de Krugman
Esta vez, y aclarando que no cambió de opinión respecto de aquel artículo de 1998, la crítica de Krugman apunta a un artículo de poco más de 3500 palabras de Bob Murphy sobre la Teoría Austriaca del Capital, publicado como Daily Article en el Ludwig von Mises Institute, al que califica como “la mejor exposición que he visto de la perspectiva austriaca”.
Independientemente de la brillantez del artículo de nuestro amigo Bob Murphy, uno espera que un calificado economista como Paul Krugman, concentre sus críticas a trabajos científicos de mayor envergadura, entre los que se pueden citar a aquellos de Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Roger W. Garrison, Jesús Huerta de Soto, Lawrence H. White o Steven Horwitz, los que a su vez posiblemente inspiraron la breve presentación de Murphy.
Lo dicho no significa, sin embargo, que debamos ignorar la nueva crítica de Krugman, y pedirle que lea más, a ver si entiende. Todo lo contrario. Debemos enfrentar el desafío de Krugman, pero seriamente. En este artículo Krugman demanda respuestas:
1. Si definimos a la inflación como un caso de exceso de dinero en relación con los bienes disponibles, ¿por qué las depresiones no son asociadas a la aceleración en lugar de la desaceleración de la inflación, mientras la oferta de bienes cae?
2. ¿Por qué existe una fuerte correlación entre el PIB nominal y el real?
3. ¿Por qué encontramos una evidencia empírica abrumadora de que cuando los bancos centrales deciden desacelerar la economía, esto efectivamente ocurre?
4. ¿Qué pruebas hay de que la capacidad de la economía se daña durante el auge?
5. ¿Dónde está la evidencia positiva de lo que los austriacos dicen?
Krugman agrega que no encuentra razones para dejar de lado los últimos 75 años del pensamiento económico, dado que el mundo real parece ser más consistente con las lecturas de Keynes y Friedman, sobre los factores del lado de la demanda que conducen al ciclo económico.
La respuesta austriaca
El propio Bob Murphy ofreció “su” respuesta al desafío, señalando que Krugman “no entiende” la posición austriaca.
En mi caso particular, tiendo a coincidir con Peter Boettke en que la respuesta debe ser tomada por los macroeconomistas austriacos como un desafío. No requiere esto de más respuestas en blogs, sino de engrosar las publicaciones científicas en los puntos que a este Premio Nobel llamaron la atención.
El énfasis en los precios relativos, en los micro-fundamentos a la macroeconomía, en la teoría del capital heterogénea, en los efectos no neutrales de largo plazo, en la evidencia empírica que prueba la teoría es necesario para que la academia comprenda finalmente que la macroeconomía austriaca en general y la teoría austriaca del ciclo económico en particular ofrecen respuestas comparativamente superiores a los fenómenos que están ocurriendo con mayor frecuencia desde el abandono del patrón oro.
Publicado en El Cato Institute, bajo el título «Krugman ataca de nuevo«, el 28 de enero de 2011.