Si Ludwig von Mises hubiera sido sólo un economista al estilo de una economía que en el lenguaje de T. Kuhn podríamos llamar “economía normal”, no habría ningún problema que plantear. Pero Mises fue esencialmente un gran economista que, como buen perteneciente a la tradición austríaca, fue también un gran pensador, que agregó a sus estudios económicos importantísimos aportes filosóficos y epistemológicos que lo configuran como un pensador verdaderamente original, digno de ocupar un lugar importante en la historia de las ideas.

Pero, lamentablemente, Mises es casi desconocido en ambientes proclives a la filosofía cristiana; y cuando no es desconocido, es rechazado. Pero esto no es gratuito. En los aportes filosóficos de Ludwig von Mises encontramos estos elementos que provocan inconvenientes con la filosofía cristiana: a) negación de la metafísica como ciencia y/o como conocimiento racional; b) negación del derecho natural; e) utilitarismo ético; d) influencia del apriorismo kantiano. Por supuesto, alguien nos puede decir que está totalmente de acuerdo con esas posiciones de Mises, o también que eso no es lo más importante de su pensamiento -con esto último estaríamos de acuerdo-, pero todo eso no hace a la esencia de la cuestión. Lo que estamos planteando es un problema objetivo, reconocible como tal en función de la historia de la filosofía (cosa que es -¡espero!- independiente de cualquier posición), la cual nos dice que los elementos misianos a que hacemos referencia chocarán con la filosofía cristiana contemporánea, ya sea con el agustinismo o con las diversas corrientes del neotomismo. Y si esos elementos están necesariamente ligados a los aportes epistemológicos y económicos de Mises, entonces una economía de mercado fundamentada en la economía y epistemología de Mises será incompatible con el pensamiento cristiano. Ése es el problema1. 0, al menos, es problema para aquellos que otorguen valor tanto a Mises como a la filosofía cristiana e intuyan que no puede existir entre ambos miembros de la disyuntiva una oposición irreconciliable.

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