La antigua pregunta aún sin respuesta: ¿cuál es el determinante último del valor? Existen varias preguntas aún no contestadas dentro de la teoría económica que han sido transmitidas a modo de herencia de una generación a otra. El debate sobre estas cuestiones se retoma veinte o hasta cien veces en el transcurso de una década y, en cada una de esas ocasiones, las partes agotan sus recursos inte­lectuales en un esfuerzo por inculcar sus opiniones a sus contem­poráneos. No pocas veces el tratamiento de estos temas va más allá de los límites de la lasitud y el hartazgo, de manera tal que bien puede considerarse como una ofensa al buen gusto que vuelva a tratarse un problema tan ampliamente discutido. Sin embargo, estas cuestiones surgen una y otra vez, como espíritus perturbados destinados a vagar sin reposo hasta que llegue la hora de su liberación. Es posible que desde el último debate sobre el tema se haya llegado a algunos descubrimientos reales o imaginarios en la ciencia y hay quienes piensan que ellos escla­recerán la antigua cuestión. De inmediato vuelve a surgir la vieja rivalidad, con tantos bríos como si tuviera el encanto de la nove­dad; y así continúa año tras año y así seguirá hasta que el per­turbado espíritu quede liberado definitivamente. Dentro de este conjunto de temas encontramos la pregunta: ¿Cuál es el determinante último del valor? (dem letzten Bestimmgrunde des Wertes derGüter?) La controversia respecto de esta pregunta comenzó en los días de Say y Ricardo. Más recientemente, los eco­nomistas alemanes, austríacos, daneses y norteamericanos, ingleses e italianos la han retomado, de manera que la disputa ha co­brado un carácter internacional.

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