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En temas de banca y dinero las cosas a veces parecen estar dadas vuelta. El monopolio, en cualquier otro caso considerado ineficiente y necesitado de regulación, no sólo se vuelve conveniente en la figura de un banco central, sino que además debe ser estatal (caso omiso al problema de Public Choice). Ante ciertos eventos, como las burbujas financieras, la explicación de agentes irracionales es aceptada sin pestañar, casi como si fuese algo normal, mientras que en otras ramas de la economía la racionalidad no se discute. Incluso problemas más complejos como las instituciones aceptan explicaciones racionales a través de juegos repetidos, pero cuando el dinero entra en escena los agentes se vuelven masivamente incapaces de razonar como el modelo le exige. Entre las diversas confusiones en torno al dinero está la idea de que el interés es un fenómeno monetario.

Vale aclarar que no todas las personas, ni todos los economistas sostienen que el interés es un fenómeno monetario, pero esto no deja de ser una confusión con mayor presencia de la que debería tener. Las tasas de interés se manifiestan con mayor claridad en el mercado de dinero (bancos) que en otros mercados. Pero eso no implica que el interés sea un fenómeno monetario. Es importante en este aspecto distinguir entre dinero y crédito, por más que el crédito pueda darse en dinero.

El dinero es un bien, y como tal tiene su propio precio que depende de su demanda y oferta. La demanda de dinero se puede dividir en dos componentes: 1) oferta de bienes y servicios (PBI) y 2) atesoramiento. Toda oferta de venta de bienes o servicios es la contracara de demanda de dinero. El atesoramiento es guardar dinero en el bolsillo, billetera o “bajo el colchón.”

Cualquier bien tiene un precio en relación a otro bien: x cantidad de manzanas por y cantidad de zapatos. Sin embargo, cuando un bien en particular se vuelve el medio de cambio generalizado es más sencillo representar todos los precios respecto a ese bien. Por ejemplo x cantidad de manzanas por q onzas de oro y y cantidad de zapatos por q onzas de oro. Esto es lo que se llama un precio monetario y permite el cálculo económico.

Si el precio monetario de un bien es cuántas unidades monetarias (ARS, USD, etc.) deben entregarse por una unidad de ese bien, entonces el precio del dinero es lo mismo pero respecto a otro bien. La diferencia es que el dinero es el medio general de intercambio, no los otros bienes. Cuando queremos ver el precio de un bien no hay problema al elegir contra qué bien calcular el precio. Pero en el caso del dinero, ¿contra qué bien calculamos el precio? Generalmente se toman todos los bienes en una canasta. El precio del dinero es entonces la inversa del nivel de precios. De allí que oferta y demanda de dinero se suela graficar con 1/P en el eje y y no i (interés).

Si la demanda de dinero aumenta, entonces el nivel de precios cae y 1/P aumenta. Si la oferta de bienes aumenta, sus precios deben caer. Si el atesoramiento aumenta los precios deben caer no porque aumenten los bienes, sino porque se está quitando dinero del mercado. En ambos casos, la demanda y oferta de dinero determina 1/P.

El interés, en cambio, es un fenómeno totalmente separado que tiene que ver con el paso del tiempo. El interés es el precio del tiempo (crédito), no del dinero. Pero del mismo modo que uno cobra su salario en dinero porque esto le permite luego intercambiar sus ingresos por los bienes y servicios que desee, al pedir un crédito el mismo viene en dinero por el mismo motivo. Por simplicidad, el precio del crédito se expresa en formato tasa de interés. Es decir, 10% en lugar de 10USD si el crédito es de 100USD, 20USD si el crédito es de 200USD, etc… Esto de ninguna manera implica que el interés sea un fenómeno monetario. Si hay dos fenómenos que se dan juntos, transacción en el tiempo y dinero, ¿por qué el interés tiene que estar asociado al segundo y no al primero?

Un préstamo de 100USD contra 110USD posee 10% del mismo modo que un préstamo de 100 manzanas contra 110 manzanas posee también un interés de 10%. En abstracto, un préstamo de 100x contra la devolución de 110x posee 10% de interés  independientemente de que sea x (dinero, bienes, etc.). ¿Acaso diríamos que no había interés en la época del trueque?

Si el interés es el precio del crédito y no es un fenómeno monetario, ¿de dónde viene? Así como los precios dependen de la utilidad marginal, algo similar ocurre con el interés pero con la preferencia temporal. La preferencia temporal es al interés lo que la utilidad marginal es a los precios. Al intercambiarse dos bienes, el precio de intercambio estará en algún lugar intermedio entre el comprador y vendedor marginal. En el caso del crédito, la tasa de interés que se acuerde estará ubicada en algún lugar entre las preferencias temporales de quien ahorra y quien se endeuda.

Tasa de interés = Interés originario + otros

El interés originario es el reflejo de la preferencia temporal. “Otros” incluye otros factores como prima de riesgo. La preferencia temporal no es otra cosa que cuánto está uno dispuesto a renunciar consumo presente a cambio de consumo futuro. Pero esto es consumo presente versus consumo futuro de bienes, no de dinero; el dinero no se consume, se intercambia. Si este consumo presente versus consumo futuro se expresa en precios monetarios entonces tenemos precio presente y precio futuro, cuyo ratio es el interés originario.

Ahora bien, atesoramiento y ahorro no son necesariamente sinónimos dependiendo como los entendamos. El atesoramiento implica que las personas mantienen dinero cash a su disposición. Pero si las mismas personas depositan su dinero en una cuenta bancaria entonces están además de ahorrando ofreciendo crédito y por ello esto afecta la tasa de interés y no el nivel de precios (precio del dinero). Si aumenta la demanda de dinero (PBI o atesoramiento) se afecta su precio tal cual sucede con cualquier otro bien. Si aumenta la oferta de ahorros, entonce se afecta la tasa de interés que es el precio del crédito. Al decidir ofrecer los ahorros como préstamo lo que se modifica es quien consume, pero no el consumo agregado, y por ello no hay efecto en el nivel de precios. Pero la oferta de crédito ha aumentado y por ello se ve una disminución en la tasa de interés.