¿Qué tan lejos deben situarse los académicos de la política?

Alberto Benegas Lynch (h) suele diferenciar en sus clases el rol del académico, del rol del político. Asegura que el rol del académico es correr el eje de debate, imaginar nuevos mundos posibles, y no atender a si una propuesta de política pública es viable o no en el presente. El rol del político es diferente. Inspirado en el trabajo académico, debe atender necesariamente a aquello que la opinión pública puede digerir en el presente y trabajar a su vez para intentar que una propuesta que no es viable hoy, lo sea en el futuro. Es sabido que la posición de Alberto Benegas Lynch (h), no difiere mucho de aquello que recomendaba Hayek.

Alberto Mansueti (2006), sin embargo, es uno de los tantos liberales clásicos que se presentan críticos de esta posición. Encontramos a continuación un resumen de su crítica:

«Aspirar al éxito político para el liberalismo clásico sólo en base a la Economía Austriaca es irrealista. Sin embargo, y con pocas excepciones, con mucho de ese irrealismo viven las Fundaciones e instituciones asociadas al liberalismo clásico, comenzando por la más célebre de todas, la Sociedad Mont Pelerin… ¿Por qué? En buena parte porque muchas de ellas … siguen el desafortunado consejo de Hayek, un genio sin duda, pero equivocado entonces al recomendar esfuerzos intelectuales y académicos y desalentar emprendimientos políticos… Pero, ¿imagina Ud. cómo hubiera sido el mundo en los últimos 100 años, si Lenin en 1913 hayekianamente hubiese aconsejado a sus seguidores no dedicarse a la política sino sólo a especulaciones filosóficas, investigaciones científicas, históricas y bibliográficas? En tal caso probablemente marxistas y socialistas de otras observancias hubiesen quedado reducidos a pequeños círculos de disconformes, hurgando bibliotecas y documentos, y escribiendo artículos, ensayos monográficos y libros… ¿E imagina Ud. cómo hubiera sido el mundo en los últimos 50 años, si Hayek en 1947 hubiese considerado que las cátedras universitarias y los centros de producción y transmisión de ideas y conocimientos estaban ya en poder de los socialistas o a punto de caer? ¿Y si en consecuencia, leninianamente Hayek hubiera aconsejado a los liberales fieles dedicarse a la política tanto o más que a los estudios y reflexiones académicas…? En tal caso probablemente los liberales clásicos hubieran organizados partidos, ganado elecciones en muchos países, abolido el estatismo -con sus inflaciones, guerras, desempleos y miserias- mediante revoluciones de libre mercado, y cambiado la historia del mundo. Y obligado así a los cientistas sociales, periodistas, políticos y curiosos en general, a correr a las bibliotecas (y ahora a Internet) a descubrir cuáles autores, obras y principios inspiraron a los políticos liberales cambios tan benéficos para la humanidad…»

Con esta cita creo que podemos abrir el debate.

23 comentarios en “¿Qué tan lejos deben situarse los académicos de la política?

  1. El marxismo-leninismo esencialmente abogaba por la fuerza como método de acción política, no pretendía ganar elecciones, e ahí la diferencia radical con el liberalismo clásico (a ellos no les hacía falta el rol académico pues no pretendían convencer a la mayoría para que los voten), además no creo que el rol académico y el político sean mutuamente excluyentes, una revolución liberal solo es posible si una mayoría de personas se encuentran adscritas al pensamiento capitalista y eso solo se logra mediante la actividad pedagógica, de nada sirve apelar a la retórica romántica para seducir sin enseñar pues en tal caso la política liberal estaría amenazada por cualquier persona capaz de emocionar mas profundamente al electorado, y esa no es una buena forma de defender la libertad.
    La actividad académica necesariamente tiene una consecuencia política, aunque esta no sea intencional. Considero errónea la apreciación de Mansueti de restringir la política a las campañas electorales y la creación de partidos.

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    • «El marxismo-leninismo esencialmente abogaba por la fuerza como método de acción política, no pretendía ganar elecciones, e ahí la diferencia radical con el liberalismo clásico»
      Gabriel Zanotti dice algo similar. El día que el liberal intenta hacer algo parecido a esto, ya dejó de serlo.

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    • Entiendo que Gabriel se refiere al punto 5 titulado «Las reformas institucionales». Lo copio a continuación para los interesados:

      En América Latina, por ende, no se trata de “re-instaurar” instituciones liberales clásicas que nunca hubo, sino de…Y aquí viene el misterio. Por un lado, el panorama descripto, si el diagnóstico es adecuado, no parece tener solución, excepto por “hasta ahora” afortunados contraejemplos (Chile, Guatemala). ¿Pueden proponerse políticas de transición en América
      Latina sin incurrir en contradicción con la crítica hayekiana al constructivismo? ¿Puede haber una transición no “constructivista” en América Latina? Ello depende de que hagamos las siguientes distinciones:

      a) Debe distinguirse entre políticas dictadas desde un marco institucional autoritario y la reforma de ese mismo marco institucional. Por ejemplo, supongamos que Chávez o Kirchner, desde su misma estructura de poder autoritario, comenzaran a liberar mercados, a eliminar impuestos, a bajar los costos laborales (mantengo aún mi salud mental y sé que eso no va a suceder, es sólo a efectos didácticos…). Ello estaría muy bien, pero la estructura de poder desde la cual toman esas decisiones sigue intacta. Un mero decreto posterior vuelve todo para atrás.

      b) La reforma institucional de fondo debe incorporar, aunque sea de modo paulatino, las ideas de la “Economía política constitucional” propugnada por autores como Friedrich Hayek y James Buchanan. Esto es, debe reformarse el texto constitucional de tal modo de incorporar normas que fijen a nivel constitucional lo que de otro modo sería una mera política transitoria. Por ejemplo, la desmonopolización jurídica de todos los servicios otorgados por el gobierno federal, la eliminación de impuestos directos, el requisito de que todo gasto municipal y provincial sea financiado por los habitantes del distrito, etc.

      c) Los que se “dediquen a la política” supuesto el sistema de partidos como está, deben distinguir si su intención es ocupar cargos o mantenerse como asesores. Si es asesor, no debe jamás competir por los puestos electorales, no aparecer ante la opinión pública, y explicar cuidadosamente al “político” lo que éste habitualmente ignora de constitucionalismo y economía.

      d) Si se lleva a cabo una reforma institucional, debe ser muy rápida, en los primeros tiempos de gobierno, aprovechando la gobernabilidad que da el capital político inicial. Desperdiciar ese tiempo, habitualmente por ignorancia, lleva a que se tenga que pasar, en el mejor de los casos, a políticas
      dentro de una estructura autoritaria de poder.

      e) Distinguidas estas cuestiones, las reformas institucionales de fondo en América Latina podrían comenzar, dentro del sistema de partidos como está y nunca fuera de él. Lo segundo es consolidar la inestabilidad institucional endémica de América Latina. Lo primero parece imposible, pero no lo es. Se puede hacer si los más formados en el liberalismo clásico se ubican en el papel de asesores de políticos más tradicionales, que sin heroísmo pretenden “hacer algo” por la democracia y el libre mercado y sencillamente no saben cómo. Desperdician así su capital político inicial, dejan reformas a medio hacer y vuelcan luego a la opinión pública a posiciones aún más paternalistas y estatistas.

      f) En cada país debemos decidir hasta dónde el marco cultural nos permite “llegar” con una reforma institucional de fondo. No hay ninguna norma para esto, pero sin embargo es algo clave. Hayek y Buchanan no escribieron para América Latina. La adaptación debemos hacerla nosotros y con cuidado.

      g) Todo lo propuesto implica un análisis de las posibilidades de cambio dentro del sistema de partidos.

      h) Finalmente, es también un leve intento de respuesta al título. Un liberal clásico en América Latina tiene que tener conciencia de que es una “contracultura”, un “exogrupo” que tiene dos posibilidades. O se queda en el ámbito académico o entra en el sistema de partidos. En algunos
      ambientes liberales clásicos se tiende a sacralizar lo primero y despreciar lo segundo. Pero de ese modo, sí que vamos a morir en el intento. Existe la hipótesis de que el liberal “educa” y eso “de algún modo” llega a los políticos, empresarios, periodistas, etc. Pero no es así. Cualquiera puede hacer un curso, pero nada se hace con ello porque el empresario, el periodista o el político, aunque hayan aprendido algunas cosas, se mueven en un entorno y en un sistema que no
      pueden cambiar. Lo que sí se puede hacer es educar al asesor, y éste último, ya dentro del sistema, al político que, una vez electo, puede tomar ciertas decisiones con cierto margen de gobernabilidad. Hay que tomar al sistema de partidos como es. Una reforma institucional de fondo “será” eliminar la obligatoriedad del sistema de partidos. Pero ese no es el punto de partida, sino uno de llegada, y muy lejano.

      El mejor modo de ser liberal y morir en el intento es ceder a la tentación anti-sistema, porque en ese caso el liberal se convierte en revolucionario violento. Y como liberal, ya murió.

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  2. Lo de Hayek fue un error que lamentablemente ha retrasado mucho la influencia de los liberales en las decisiones públicas. Una cosa es que un académico tenga conciencia de sus propias limitaciones para la política concreta y otra es que la desaconseje. Hayek pensaba que las ideas iban a pasar a los dirigentes políticos por una influencia cultural cuya «cadena de transmisión» no es como él pensaba. Convertir a ideas en valores culturales (creencias) es un proceso difìcil y no se puede generalizar de experiencias anteriores que tienen su gran margen de contingencia y aleatoriedad social. Asesores liberales en equipos técnicos son muy necesarios en los partidos políticos. Por lo demás aquellos que se forman en seminarios liberales son absorvidos luego por el sistema y las obligaciones y sus ideas liberales de juventud no tienen ningún peso. Y por último convierte a los liberales clásicos y libertarios en «anti-sistema» que se quedan al margen del sistema político cuya única alternativa es la paciencia, el ostracismo o a la violencia.
    En fin, habría muuuuuuuuuuuucho que decir y no tengo el tiempo necesario. Termino con un recuerdo. Mises se pasó varios días convenciendo a Otto Bauer que no socializara totalmente Austria. Y en su momento lo logró. Y ni que hablar de sus recomendaciones a la Cámara de Comercio Vienés. ESO es política concreta. Sigamos su ejemplo……………………………….. En la medida que podamos. Pero si no podemos, al menos no desanimemos al que sí puede.

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  3. Creo que estamos hablando de dos cosas distintas. La Academia es para lo que es: generar pensamiento, tanto propositivo como crítico. Los think tanks son los conectores (second hand dealers of ideas). Los políticos deben nutrirse al menos de éstos e idealmente de aquellos (políticos-idea). Mansueti da en el clavo en el sentido de que el liberalismo muchas veces se interpreta como «la filosofía de la apatía», cuando más bien debe llamar a un mayor compromiso (es decir politización, y uso este término deliberadamente ya que suele causar rechazo cuando se le equipara a «estatización» o «asambleismo» o «intervencionismo liberticida») con la defensa política (todo acto en sociedad es un acto de implicaciones políticas: o se respeta las normas lockeanas o no se las respeta, no hay medias tintas) de los derechos individuales (oops, otro concepto político, aunque derive de la Etica y en la Economía se sustente).
    Mansueti no sugiere que la Academia se politice (más allá de que inevitablemente tiene carga política inevitable al venir y desembocar de elementos políticos: quién es dueño de la universidad, cuál es la agenda, qué carga de positivo y de normativo hay en cada pensador, etc) sino de que los liberales dejemos de auto-anularnos al sólo trabajar en ella y en los think tanks y asumir la tercera pata de la mesa (la cuarta tal vez sea la batalla por la cultura popular) para que no sólo tengamos capacidad explicativa sino transformativa directa. Le he preguntado sobre este tema y su respuesta es potente: los socialistas no van a hacer las reformas y desmantelamientos por nosotros, por definición; necesitamos políticos liberales, que sean tan buenos liberales como buenos políticos (eficaces, hábiles, carismáticos, largoplacistas en su visión).

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  4. Por supuesto concuerdo con el prof. Zanotti cuando dice que Hayek no debió volver un consejo o prescripción su -personal e intransferible- conciencia de su propio rol en la división del trabajo dentro del liberalismo. Si bien concuerdo con Mises en que el liberalismo debe ser el zeitgeist y la educación es el sustrato de todo, sus alumnos Rothbard y Reisman claramente buscaron diseñar/plantear la existencia de partidos, vanguardias, cuadros y demás liberales. Lo uno no niega lo otro y ya que no sabemos -como ha pasado en los últimos 30 años- por dónde vendran las reformas (a veces han venido de la izquierda, a veces de reformistas liberal-conservadores, a veces de regímenes autoritarios aunque ello introduzca un pecado original para algunos) es mejor apostarle a todos los caminos, no al que uno cree arrogantemente que es «the one path to salvation».

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  5. MMR: Mansueti no dice nada de «restringir». Claramente y pocas líneas arriba de tu comentario, dice literalmente: «¿Y si en consecuencia, leninianamente Hayek hubiera aconsejado a los liberales fieles dedicarse a la política tanto o más que a los estudios y reflexiones académicas…? »

    Tanto o más no significa «lo uno o lo otro» es decir restricción. Significa con igual o mayor ahínco, lo cual asume que hay tambien mucho ahínco para lo otro (la academia).

    Saludos.

    JFC

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  6. Hay mucho que decir en este debate.

    He tenido la suerte de conocer economistas de varios países, sea personalmente o leyéndolos, y he advertido que en todos los casos la experiencia fue bastante similar a la mía.

    Una universidad que enseñaba desde el marxismo hasta el keynesianismo, donde la Escuela de Chicago era apenas mencionada, y donde la Escuela Austriaca no era más que un pequeño aporte olvidado en la revolución marginal.

    De esas universidades salen cada año cientos o miles de economistas que luego asesoran al gobierno, o directamente ocupan cargos electivos o ejecutivos.

    Nadie les habló del gobierno limitado, ni les explicó realmente lo que es la economía de mercado, ni se preocuparon jamás por los derechos de propiedad ni la libertad individual. Eso es algo que los académicos deben resolver. Hay un rol en el liberal que es vital. Entrar en las universidades, en los journals e intentar cambiar esta situación con sus colegas, desde adentro. «Ese» es el mundo de las ideas que inspira las políticas públicas, y no tengo dudas que vamos perdiendo por mucho!

    Menos mal que hubo un «Mises» y un «Hayek». Gracias a ellos el socialismo extremo o marxista, quedó en el olvido o restringido a unos pocos. Varios economistas reconocen que si aun quedan socialistas, estos no provienen del campo de la economía, sino de la sociología, de la filosofía política y de otras áreas. Esta batalla ganada se la debemos a gente que dedicó su vida entera a las ideas, anticipando el fracaso que el socialismo presentó en todos los países donde se aplicó.

    Esa victoria liberal acorraló el debate. Ahora discutimos sobre la existencia del banco central, si los organismos multilaterales de crédito ayudan o empobrecen a las naciones, si la política fiscal ayuda o agranda el problema ante la crisis. Y si bien es cierto que ahí estamos perdiendo, el debate es otro, y los males son menores.

    Friedman también ayudó. Hoy son pocos los países que tienen inflación de dos dígitos. A ningún presidente de banco central se le ocurre imprimir moneda para financiar déficits fiscales monumentales. La evidencia empírica por él y sus seguidores arrojada, ha llegado a la profesión, y ha mejorado el nivel de vida de la gente.

    Es cierto que todavía hay problemas. El Estado de «Bienestar» es ahora el enemigo. Douglass North, Coase, Buchanan, y los austriacos tratan de luchar ante el Estado de Bienestar. Pero vamos perdiendo.

    Lo dicho no significa que la política deba ser ajena al académico. Ni que debamos desaconsejar a alumnos a entrar en política. Todo lo contrario. Ojalá hubiera gente con el conocimiento y la convicción para cambiar las cosas. Gabriel explicaba que eso se debe hacer desde adentro. El rol de asesor liberal cumple una función fundamental.

    Pero yo sigo con Hayek. Sigo pensando que el mayor debate está en el mundo de las ideas. Y hasta que los académicos no se convenzan de los perjuicios de la economía de «bienestar» miles de economistas seguirán saliendo de las universidades, y no habrá asesor liberal que los pare.

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  7. Les cuento mi caso?. Quizas represente a mucha gente.

    Todo lo que se de economía austriaca y liberalismo lo aprendí solo, y gracias a internet.
    Al principio estaba entusiasmado y se lo comentaba a la gente que conozco, pero nadie me daba bola.
    Ahora la verdad no tengo ganas de convencer a nadie, y me conformo con estar seguro de lo que yo pienso y me pone feliz encontrar gente que piense como yo.

    No estoy diciendo que mi postura sea la correcta, quizas es muy egoista. Pero no debo ser el único que le pasa lo mismo.

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  8. Creo que hay muchos casos como el de MartinL. O al menos en mi corta carrera he perdido la cuenta de cuántas personas como él me he cruzado.

    Uno de los desafíos del libre mercado es que uno se siente en minoría. El problema del «liberalismo» no es tanto entenderlo como aceptarlo. Para el «austriaco» se suma el mismo problema. No solo «liberal,» sino además «austríaco.» La psicología de la ciencia no es un tema menor. Todo esto requiere de cierta «fuerza mental» cuando no es fácil encontrar grupos que piensen de manera similar a uno. Creo que esa actitud es una de las más valiosas en Mises y Hayek hasta el «revival» en los 70′.

    Este cambio de idea se da en el ámbito de la educación. Si las universidades son un motor de generar mentes socialistas o intervencionistas no hay asesoría que alcance. La opinión pública es el último juez. Este es el gran ámbito a interesar por estas ideas. Si esperamos, por ejemplo, que la política se interese por un mercdao libre de monedas en lugar de un banco central monopólico vamos a esperar para siempre si el economista académico ni siquiera se plantea la alternativa.

    Aunque esto no quita que los roles sean incompatibles o excluyentes. Hacer política no implica hacerse político. Hablar a la opinión pública, escribir en los diarios, asesorar, etc, es todavía parte de la educación que no se da en las aulas. Creo que los austriacos trabajan mucho más en este frente de las defensa de ideas frente al público que los «economistas mainstream» en general.

    De alguna manera el trabajo «político» apunta al corto plazo y el de educación al largo plazo. La educación genera el contenido de adonde queremos ir, el político nos lleva a ese lugar.

    Nos alegra que MartinL (y otros casos como el suyo) haya encontrado esta página y esperamos que nos siga vistiando y participando. Deseamos con Adrián y Gabriel poder llegar cada día a más personas.

    Slds!
    NC

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  9. Eso es importante tenerlo en cuenta: El académico nos dice a dónde ir. El Político cómo llegar ahí. Claramente los roles son complementarios, no contradictorios.
    Pero sí cabe hacer un mea culpa de parte de los austriacos: Nos hemos preocupado poco por la transición.
    Y ahí me surge una pregunta. En la transición, ¿es necesario combinar un poco los dos roles? El académico para no perder la brújula e imaginar cómo desarrollar una transición hacia el norte propuesto. El político para mostrar un camino que sea viable, atendiendo a la opinión pública, los tiempos, y un enorme etcétera. ¿O debe recaer completamente en la política?

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    • Muchísimas gracias Adrián por sacar el debate, que se me hace un debate imprescindible.
      La política sin ideas es acción ciega.
      Las ideas sin política son quimeras.

      Por ello ambos ámbitos, la academia y el parlamento, deben escucharse y hablarse, interactuar.

      En el post parece que el responsable de que los liberales no hayamos sido capaces de articular una política es Hayek y sus ideas y recomendaciones de abstención (las frases que le dirigió a Irvin Fisher cuando éste le propuso montar un partido político son históricas: “No se meta en política, lo que tiene que hacer es alterar la opinión pública; llevará mucho tiempo, hágalo a través de los intelectuales, los difusores de ideas de segunda mano.”)
      Aun creyendo que la recomendación de Hayek ha tenido consecuencias ambiguas (mucho think tank y poca política), como individualista creo que los responsables del fracaso de la política liberal en nuestros países somos los liberales, que por vaguería o cobardía ni presentamos la batalla ni perdemos elecciones.

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  10. Yo pienso que ambas vías son compatibles, pero en línea con lo que comenta Adrián sobre las universidades, creo que la ciencia y la educación son el sustrato que aseguraría no volver a caer en los errores del socialismo a largo plazo ¿quizá no volver a caer en ellos jamás? Esto último ya es mucho decir… 😉

    Pero desde luego, y sin duda, la acción política es más efectiva en el corto plazo.

    Quizá yo peque de ingenuo por no desconocer como funciona el mundo científico y académico, pero tengo la sensación de que si cientificamente se demuestra que por ejemplo el valor de los bienes económicos depende de su utilidad marginal y no de sus costes, o que gastar consumiendo el ahorro siempre te hará más pobre, y todo esto va en los libros de texto previo acuerdo (por demostración, nunca por imposición) de toda la comunidad científica, ¿No nos ahorraríamos muchísimos problemas por mucho tiempo?

    Creo que la aspiración del auténtico liberal debe ser influir en las instituciones básicas para el funcionamiento económico de la sociedad, instituciones como la ley o la moneda. Y en especial la ley se nutre de la ciencia. Mientras en la ciencia predominen Keynes, Friedman y compañía, mal futuro nos espera.

    Se que la economía, por ser una ciencia social es mucho más compleja que la Fisica (la tierra es redonda) o la química (el acido sulfurico es corrosivo), pero también es una ciencia muchísimo más joven y quizá con el tiempo si puedan llegar a establecerse axiomas aceptados por todos los científicos economistas ¿Es posible? Me interesa mucho tu opinión en esto Gabriel.

    Adrian, sobre la situación actual de «socialismo velado» que sufrimos no se que es peor realmente. Si lo que tenemos ahora o el socialismo soviético. El socialismo soviético al menos tiene la ventaja de que se autodestruye a si mismo relativamente pronto. El «socialismo velado» que sufrimos en occidente desde principios del S. XX ha conseguido llevar los niveles de endeudamiento a cotas nunca vistas por la humanidad ni en terminos relativos ni por supuesto en términos absolutos: http://eleconomistaprudente.wordpress.com/2011/01/20/97/

    Creo que la escuela de Chicago puede apuntarse el dudoso mérito de haber conseguido inflar esta burbuja de crédito, que es de todo punto descomunal y superlativa. La Gran Depresión fue un juego de niños comparado con esto.

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  11. Manuel, ese «socialismo velado», como lo llamas, que yo preferiría llamar de «Capitalismo intervenido», tiene consecuencias mucho más leves que el socialismo soviético. Es cierto, tenemos el gran problema de encontrar el modo de limitar la acción del Estado, pero la ciencia ha hecho varios progresos en este sentido. Reglas monetarias, reglas fiscales, constituciones y globalización han sido exitosas, en un determinado grado. Cuba y Venezuela son la excepción. De ahí que tiendo a ser optimista.

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  12. En la Gran Depresion se llegó a un ratio Deuda/PIB del 300% en gran medida por la caida del PIB en el inicio de la Depresión. Hoy hemos llegado al 370% sin que apenas el PIB haya caido (y todo esto sin contar la deuda en instrumentos derivados).

    Puede ser que yo peque de pesimista, pero por más que analizo la situación de la forma más objetiva posible es a la conclusión que llego.

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  13. Hace ya varios años escribí esas líneas, y cada día más me convenzo de que estaba entonces y estoy ahora en lo cierto.
    Y veo todos los días que quienes rehuyen a la actividad política también rehuyen al debate sobre la cuestión.
    Así que les agradezco enorme la iniciativa de Uds., cosa excepcional que les distingue.
    Muchas gracias por publicarlas … Saludos cordiales a todos!

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  14. Muchas gracias Alberto. Es un tema el que no hay que escapar. El mundo no va a cambiar por arte de magia. Y en algún momento, las ideas hay que llevarlas a la práctica.
    Hoy día, por ejemplo, podemos leer los papers y libros de Mises y Hayek. Pero como Gabriel siempre nos recuerda, ninguno de ellos estuvo ajeno al ámbito político (en sentido amplio). Mises en la Cámara de Comercio y tratando de vitar un avance fuerte del socialismo en Austria. Hayek en Inglaterra. Rothbard también intento hacer lo suyo y hoy tiene un grupo fuerte de seguidores (en caso que sobresale es Ron Paul, con sus posibles «bemoles»)
    Otra figura que no se puede negar a contribuido a defender los beneficios del mercado libre es Milton Friedman. Cuando se piensa en los 3 grandes defensores del mercado libro en el siglo XX estos son los 3 nombres que vienen a la cabeza de cualquiera: Mises, Hayek y Friedman.
    Abrazo y gracias por visitarnos.
    NC

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  15. LO INTERESANTE ES DARSE CUENTA QUÉ VOCACIÓN SEGUIR, QUE EN EL SENTIDO LUTERANO SE TRADUCIRÍA COMO PROFESIÓN (BERUF): O ACADÉMICO (CIENTÍFICO) O ACTIVISTA. NO TE PUEDES DEDICAR A AMBAS PORQUE TERMINAS ODIANDO LA OTRA.

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  16. Hay un problema con la acción política que se debe considerar: al entrar en política, quienes lo hagan pueden confundirse y terminar trabajando para obtener poder por obtenerlo y no promover las ideas por las que se metieron en política en un primer momento. En Costa Rica hace varios años se fundó un partido: el Movimiento Libertario. Pasó de tener un diputado (Otto Guevara, actual presidente del partido aún) hasta llegar a tener 9 (de 57 en total) hoy. Si bien esto puede parecer un gran avance, los diputados actuales son muy poco liberales. Y no estoy hablando de si ellos son austríacos puristas, sino que realmente no están convencidos de que la libertad individual debe prevalecer en la mayor cantidad de campos posibles. El problema que hemos tenido es entonces un grupo que se dice ser liberal pero que actúa de forma antiliberal. Esto causa el problema de que los errores que éstos cometen le sean achacados al liberalismo y no al partido, lo que dificulta la adopción de políticas liberales en otras áreas.

    Creo entonces que hay que distinguir entre tres posibilidades de acción y no dos: (1) el liberal académico, (2) el liberal asesor político y (3) el liberal candidato político. Creo que conforme nos alejamos de la academia, la pureza de ideas se puede más y más, hasta el punto de que en extremo político, el poder termina corrompiendo el ideario, como creo que está pasando poco a poco en Costa Rica. ¿Qué opinan?

    Por cierto, este me parece un excelente blog! Había leido con gran gusto varios escritos de los tres autores de este blog por lo que me alegra que hayan creado este espacio. Saludos desde San José.

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  17. Muchas gracias Felipe por el comentario. Mi opinión es que lo que ocurre en Costa Rica ocurre también en el resto de latinoamérica, y en particular en la Argentina. Nosotros hemos tenido un partido liberal, que fue la UCeDe. El partido era dirigido por el Ing. Alvaro Alsogaray. Se había constituido como tercer partido e incluso tuvo buenas elecciones, lo que le permitió obtener cierta participación en el Congreso. Tras la victoria de Carlos Saúl Menem en 1989, el partido justicialista y la UCeDé concretaron un acuerdo. Algunas ideas fueron buenas, y en principio se terminó con la hiperinflación, se privatizaron empresas públicas deficitarias, mientras que se cometieron también muchos errores. El gasto público se duplicó en menos de diez años, y el déficit fiscal fue moneda corriente cada año, financiándolo con deuda. Tras una década del 90 con altibajos, donde hubo entrada de capitales, hubo inversión, hubo crecimiento, la economía cayó fuerte en 2001. La UCeDe cayó con el menemismo.
    Muchos liberales hoy critican a los dirigentes de la UCeDe por haber desarrollado esa alianza con el menemismo, de hecho, durante todos esos años, en las elecciones presidenciales, no había candidato a presidente de la UCeDe, sino que la lista la encabezaba el candidato justicialista.
    Hoy el partido existe, pero ya nadie lo identifica con el liberalismo.
    Ahora surge otro partido, el PRO, que representa a la centro derecha. Hace unos días se propuso desde el justicialismo un acuerdo para las elecciones de 2011, pero Mauricio Macri, con buen criterio negó la posibilidad de un acuerdo.
    Esto puede abrir un largo debate. Macri tendría muchas más posibilidades de ganar a fin de año con esta alianza, pero hacerlo envenenaría la propuesta original de crear un partido diferente.
    El prefirió mantenerse como un tercer partido, ajeno a estos acuerdos. Hay que ver ahora qué suerte juega durante las elecciones, y qué ocurre de cara al futuro con la propuesta.
    Como verás Felipe, la lectura que hoy se hace de la década del 90, es que el liberalismo o neoliberalismo fracasó, tanto en Argentina como en toda latinoamérica. Es difícil identificar aquello como liberalismo, pero la gente piensa eso, e ir contra la opinión pública no es fácil.
    Lo que derivó de aquello fueron gobiernos de izquierda que hacen bastante daño a las instituciones y a la Argentina como país.

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